La Fragilidad del látex.

Bernardo Rodas. 09-8-009

 

Para marzo de este año, el MSP contabilizo 357 personas con VIH, de las cuales el 74,8% son varones, y 157 casos con SIDA, de los que un 84,1% también son varones entre 22 y 44 años, principalmente de las provincias de Puntarenas, Alajuela y San José. Es bastante difícil construir indicadores que determinen cuantas de esas personas son portadoras a causa de prácticas sexuales gays, o cuantas personas son bisexuales portadores. Esta deficiencia responde a que nuestro Estado, aun mantiene desinstaladas varias capacidades técnicas en ese sentido, de censar a la población mas integralmente y discriminando por sexo y/u orientación sexual en temas de salud sexual y reproductiva.

 

¿Quien no se ha llevado un susto con la fragilidad del látex, ante los arrebatos de pasión, fuerza o inexperiencia? ¿Quien no se ha visto tentado en cuando menos una oportunidad, a no usar condón para sexo oral o penetración? Ciertamente los datos estadísticos serian elevadísimos, en contraste con todas las campañas y anuncios que nos instan a protegernos y a nuestras parejas (estables o pasajeras) de las Enfermedades de Transmisión Sexual.

 

Los tabúes de nuestra sociedad son muchos y cada uno de ellos nos muestra algo de nosotros/as mismos/as, pero podríamos hacer el intento por explorar que cosas no nos dicen explícitamente los tabúes, es decir, pensar en cuales son las cosas que los tabúes ocultan o in visibilizan en aras a resaltar otras cosas. Pensémoslo en términos del uso del condón masculino; se nos bombardea con la idea de que debemos usar condón, de que esto es bueno, justo y necesario; sin embargo al mismo tiempo hay en el ambiente social –de manera generalizada para otros fenómenos también- el estimulo que brinda lo prohibido, lo ilegal y lo no correcto; este pathos (entendámoslo como pasión) por lo prohibido es lo que nos mueve como seres humanos en la historia, pareciera que hay latente en el ser humano una innata fascinación por explorar (no digamos tanto, darse a…) lo no normado, eso prohibido, patologizado, ilegalizado y pecaminoso. Quizás nuestra alma –para quienes creen que existe tal esencia- considera aburrido vivir en la normalidad constantemente y nos invita, nos tienta a pensar otras posibilidades, que por el hecho de pensarlas, son racionales, mas no necesariamente convenientes, claro está.

¿Por qué rendirse al pathos del erotismo (amor) sin restricción, nos puede causar la muerte? ¿Para que sirve ese pathos? ¿Para matarnos o para vivirlo a medias y de manera artificial? Vale recordar la bipolaridad (o dicotomía) entre el Eros-Tanatos (amor –muerte) y de como en el Tanatos, que para Freud es la pulsion de muerte o el deseo de abandonar la lucha de la vida y volver a la quiescencia y la tumba, se encuentra la génesis del Destrudo, que implicaría el impulso aquel que nos incita a destruir todo lo que está a nuestro alcance, llegando inclusive a nuestra propia persona. Claro el psicoanálisis vendría entonces a aplicarnos sus hipótesis: El Ello: (impulsos, deseos, desbalances),  El Yo:  (balance, que logra satisfacer en los parámetros sociales, las necesidades como el hambre, sueño, sed y el sexo) y  El Súper yo: (moral, conciencia, reglas sociales, lo que uno hace en su sociedad); para demostrar que hay algo mal en nosotros/as

Visto esto así, quedaría claro para el psicoanálisis, que quien se deje arrastrar por El Ello, y no use condón (que es el caso que abordo), claramente padece de una patología autodestructiva, donde El Yo no se realiza, y El Super yo está claramente deteriorado; lo cual haría a esa persona ganadora de un tiquete de ida, sin retorno al psiquiátrico de Pavas, pero me pregunto, ¿Tiene el psicoanálisis freudiano, la verdad? O es que ¿existen otras posibilidades teóricas de aproximarse al fenómeno, quizás alguna no tan mística y religiosa como el psicoanálisis freudiano?