Y… ¿a dónde vamos?

 

Bernardo Rodas P. 25/10/10

 

¿A quien no le ha hecho falta un lugar discreto o solitaria para intimar? Muchas son las historias que se cuentan sobre aventuras en lugares públicos, donde en horas de la tarde o la noche, se encuentran parejas buscando un lugar y un momento para el sexo, donde el riesgo de ser descubiertas juega un doble papel.

 

No es la intención mía, censurar a quienes gustan de intimar en espacios públicos; entiendo que la adrenalina por el riesgo de ser descubiertas/os acrecienta el gusto por el sexo en ese tipo de prácticas y en esas condiciones; de alguna manera, esa gente tiene el derecho –como el resto de personas- a ejercer su sexualidad como mejor la parezca y le resulte más gratificante.

 

El asunto que nos debe preocupar, no es simplemente, si la gente gay tiene sexo en la calle o no; sino, cuales son los espacios, -y si los hay- seguros con que cuenta la población BGLTI para intimar con su pareja ya sea esta estable o pasajera. Últimamente ha habido expresiones de protesta contra la censura que reciben parejas gays o lésbicas cuando se demuestran cariño en lugares públicos –o “no apropiados”; sin embargo, hay que analizar más a fondo cuales son los lugares y condiciones donde clandestinamente intiman algunas parejas gays y lésbicas.

 

El que una pareja de varones - tengan que recurrir a cafetal, un bus, un parqueo y un sinfín de lugares (llamémoslos de riesgo) para intimar, propicia conductas de riesgo, una de ellas es el no uso de preservativo; ya que por la misma adrenalina, por la premura del tiempo, por el riesgo a ser descubiertos, desinformación, y algunos temores que se tengan, como elementos combinados van en detrimento de “un pensar juicioso” y donde se tengan presentes los riesgos posibles como el antes mencionado, el de ser asaltados, violentados, incluso muertos.

 

Pensando en la gente más joven, socialmente hay toda una estructura opresora, que dificulta el ejercicio tranquilo, sano y placentero de la sexualidad, por ejemplo, no suele permitírsele a dos jóvenes –gays o heteros- encerrarse en su habitación durante horas, para hacer “quien sabe que cosas”; incluso a quienes sus familias comienzan  aceptar como gays se les dice: “haga lo que quiera, pero no aquí en la casa” y esto lleva a los jóvenes a buscar lugares “seguros y sin censura” para intimar y donde los riesgos son múltiples, pero donde finalmente logran “soltar la presa”.

 

También el aspecto económico está presente; ya que presumo, que la mayoría de personas que intiman en lugares de riesgo, no cuentan con un espacio seguros para hacerlo al mismo tiempo que tampoco cuentan con recursos (como auto y dinero) para ir a moteles a intimar más tranquilas; y aunque parezca fantástico, suele pasar que tampoco tienen dinero para comprar preservativos “y se la juegan”.

 

Ser respetadas/os como lesbianas o gays, tiene que ver también con los espacios y condiciones con que se cuentan para demostrar cariño o intimar… pasa también por tener “Un Cuarto Propio”… como demandaba Virginia Woolf en 1929.