|
VI
El norte lejano se desvaneció esta vez,
Mis zapatos en la orilla me recuerdan que aquí existo
Mi maleta abierta, mis acordes desdoblados en la arena y un
juego de piel terminado
Bastan para entablar este paso.
A veces me siento ajeno, pero este cristal me refleja,
Me cubre entre la madera, me hace tangible, pensable, vivible.
La avenida que por años simulé atravesar inadvertido,
Hoy se mueve pequeña y tímida,
y se adhiere al tiempo,
Y luego de haber jugado a ignorar,
de camuflarme en lo foráneo
Amanezco en este sitio,
Divergente, agridulce y turbio,
Los juglares se han marchado,
Lo imaginé,
Pero a él no,
Oráculo o no
No me importa;
tampoco si fuera parte de esta fórmula absurda
Talvez desaparezca o me persiga por un par de cuadras más.
Pero si no tengo miedo,
si viene de madrugada
si me destiñe el instante,
No tengo miedo esta vez,
Ni a vivir y ni al calendario. |