HEREJE YO

Octubre 03 de 2006

 

Debo reconocer que lo que mas extraño de ser niño es la inagotable capacidad de ser impredecible.  Cuando todo parecía una fantasía muy a la manera de cada quien. Y cuando algo simplemente no gustaba, la creatividad salía al rescate como la madre de todos los puntos de vista. 

 Hoy de adulto, comprendo que la lupa con que filtramos cada imagen del mundo no siempre nos causa un brillo de pupila. Era divertido cuando resultaba valida la posibilidad de tomar esa otra “carta” en el juego de la vida y esperar lo inesperado.  Y mas agradable todavía saber que “esa otra carta” nunca resultaba repetida. Reconozco que nunca he tenido la paciencia que Peter Pan tenia con los niños, pero nunca dejare de agradecer la oportunidad de estar cerca de alguno para plagiar la receta de cómo lograr reinventarse sin que la decepción de un desagravio dure mas de cinco minutos. Hoy, lo primero que descubrimos es que cinco minutos son demasiado poco.  ¿Nos perdimos de algo en el camino?

Ayer esas emociones resultaban simples estrellas que iban y venían sin que un pensamiento las aprisionara en la obsesión o la duda.  ¿Donde quedo ese maravilloso embrujo que hacia del momento un privilegio que tan solo se sentía y jamás se cuestionaba?

Para algunos, creer “saberlo todo” dejo de ser material de colección, y por el contrario, no saber lo que algún día se sabrá todavía nos roba el sueño, como a un niño le desvela la Nochebuena. ¿Seguiremos hechizados por el encanto de romper nuestro propio molde?

La capacidad de resucitar “momentos mágicos” no se estimula consultando recetarios de best seller, ni soplando deseos sobre el pastel con cada nueva arruga que llega. No se logra ser creativo pensándolo o deseándolo nada mas. La genialidad de un espacio sublime nada tiene que ver con cerebralidad. Muy a pesar de nuestra predecible estructura de pensamiento, todavía logramos de cuando en cuando que ese eslabón perdido de nuestro ser se manifieste. No importa si la nube negra se posó sobre nuestra cabeza o si dimos con la vasija de oro al final del Arco iris, el elemento sorpresa siempre nos devuelve ese niño interno cuando tenemos que reaccionar sin “plan b”.  No existe mejor estimulo para la osadía.  Solo la intensidad de una emoción desenfrenada es capaz de deshonrar la devoción de nuestra trampa mas rutinaria: el dogma de creer que ya todo esta inventado para nosotros.  Cuando extraviamos el manual de las respuestas, todo aquello que se suponía debíamos saber, lo olvidamos. Ha llegado entonces la oportunidad de vivir un momento autentico con nosotros mismos. Y si nos lo permitimos,  sabremos identificar y entregarnos al protagonismo de una escena jamás imaginada, y que en breves momentos, el tiempo se llevara para quizás no devolvernos nunca mas.  Un romance secreto, un arranque de personalidad, una frase celebre, un momento de fe,  el día que nos “cayo el veinte”, una mirada perdida de luna, una carcajada sin frivolidad, un milagro...  Todos momentos dignos de enmarcar en la fotografía de nuestras memorias mas celebres.

Entre los cientos de manuales psicológicos que han surgido desde que Freud nos lego su recorrido por la psiquis humana, me hace profundamente feliz saber que aun hoy nadie sabe porque, como, ni cuando nos toparemos con ese momento de “herejía personal”

Es lo mejor que podemos ofrecernos a nosotros mismos. Porque todo lo demás, solo es parte del relleno de una vida.