Ningún “bueno” se va al cielo...

Junio 26 de 2006

 

¿Quién es bueno y quien es malo? 

 

Imaginemos por un momento que nos quedamos completamente solos, como si fuésemos ese Adán que nunca conoció a Eva. Ni tampoco a Esteban...  Entonces con seguridad nunca hubiésemos tenido la oportunidad de toparnos con el concepto de  “bondad” o “maldad”, pues nuestras acciones no afectarían a nadie y estaríamos libres de juicios. Ni tampoco nadie nos hubiese enseñado a juzgar, por cuanto seriamos incapaces de sentir la pena del pecado ni la gloria de ser benigno. Pero nuestra realidad como raza humana es otra y casi nadie deja de estar inmerso en la dimensión de los culpables donde todos somos participes de algún señalamiento. Inevitablemente todos somos y seremos medidos hasta el término de nuestras vidas.

 

Sociológicamente hablando, ¿se pueden considerar la “bondad” y la “maldad” comportamientos socialmente aprendidos? Sino es así, ¿de donde provienen? El hecho es que, en algún lugar y en alguna época, alguien nos vendió la idea de que los “buenos” se van al “cielo” y los “malos” al infierno.  Pero, ¿comprendemos realmente la diferencia entre ambos conceptos o será que hemos aceptado el dogma moral en el más inconcluso de los entendidos? Probablemente la bondad por si sola no debe valer un comino si solo se trata de ahorrarse algunos pecadillos con tal de no quedar muy tan mal parados en el “Juicio Final”.

 

Como en todo lado, hay personas que viven en constante remordimiento por el juicio de los demás, mientras que otras “pecan” sin inmutarse sobre el “que dirán”. Pero, ¿dónde esta la diferencia entre unos y otros? La metafísica considera que los conceptos de bondad o maldad no son algo separado, sino parte de una mismo proceso evolutivo. Por otro lado, muchas religiones los consideran  pasaportes para dos viajes opuestos sin retorno. Y en culturas como la India, se opta por creer que somos un cúmulo de Karma y Darma para saldar en vidas futuras. Sin embargo, para la mayoría de las personas ambos son conceptos utilizados para calificar positiva o negativamente  todo a nuestro alrededor. Aunque resulta un tanto paradójico, sobre todo sabiendo que en la naturaleza las cosas no funcionan en base a los juicios del comportamiento, sino en base a instintos y realidades de un momento presente. No hay juicios que provienen de archivos mentales pasados, tal y como sucede con la raza humana.  Aparte de un  estereotipo simbólico, los animales jamás podrían ser considerados benignos o malignos. ¿Podríamos decir que una serpiente es mala y un conejo bueno? ¿O que la hiedra venenosa esta menos cerca del reino de los Cielos Dios que el clavel?  Resulta absurdo tan solo mencionarlo. Sencillamente aceptamos el comportamiento de la vida animal sin siquiera cuestionarla. Y quizás ahí esta el detalle. La mente etiqueta todo a nuestro alrededor, pero finalmente se trata de un juicio subjetivo. Criterios sujetos a una concepción de pensamiento egoísta que mide en base a la experiencia personal o del inconsciente colectivo. Siendo así, ¿tiene un asidero real la tesis de que los buenos se van al cielo y los malos no?

 

Para algunos personajes de la historia que heredaron grandes lecciones a la humanidad, nadie podía ni debía lapidar a nadie por sus acciones. Resulta intrigante pensar que el delincuente no necesariamente esta más lejos del Reino de Dios que el santo, tal y como para Jesús no había distinción entre la prostituta, el leproso o el cobrador de impuestos. Igualmente otros personajes históricos considerados grandes “enemigos del mundo”, nunca se consideraron a si mismos merecedores de tal calificativo. ¿Será tal vez que la bondad es tan solo un estado de la conciencia y la maldad de la inconciencia? Y si es así, ¿que razón de ser tiene todo esto?

 

 “Mente y corazón no se llevan...”  Seguro que todos han decidido alguna vez dejarse llevar por la mente, o por el corazón, pero nunca por ambos al mismo tiempo.  A lo largo del tiempo las personas se han referido al corazón como aquella certeza que nace de nuestro interior y que en la mayoría de los casos no logramos explicar con palabras. Tiene sentido cuando todas las explicaciones necesariamente tienen que venir de la mente... Otras personas consideran que existe una “voz interna”que no sabemos de donde proviene, pero que nos logra dar una luz sobre cómo aceptar las cosas justo en la forma que realmente son. No estoy en contra de la mente, pues eso seria hacer un juicio de ella y entonces caería en su propia trampa. La mente es solo mente. Un puñado de neuronas que responde al antojo de experiencias pasadas, de un futuro que no ha llegado, o de la manipulación de otras mentes. Sea como sea, la mente siempre necesita del juicio para sobrevivir. Todo lo opuesto a ese misterioso “pasajero” que cada ser humano lleva consigo. Donde todo es y se deja ser en su más absoluta naturaleza. El amor no tiene explicación y esta más allá del tiempo y el espacio. La fe no tiene ni necesita explicación alguna. Y la paz puede permanecer intacta a pesar de que se cargue una cruz hasta el calvario...

 

Quizás esa gruta del corazón de donde emana la pura conciencia es distinta a  todo aquello que resulta un torpe reflejo de la mente. Mente que al final y al cabo morirá con todos sus juicios y medidas. Entonces me pregunto, ¿quién nos juzgara muertos, si ya no habrá mente para que nos importe? El tiempo es prueba fiel de que todo pensamiento es una ilusión que tarde o temprano morirá o será superado por otro. Siempre cambia, siempre fluctúa y siempre se equivoca de nuevo. Y de ahí partimos para concebir y  crear la realidad a nuestro alrededor. Es naturaleza humana inevitable de olvidar, pero no imposible de evadir de cuando en cuando. 

 

Quisiera en algún momento... algún lugar... que alguna persona me mostrase la forma de hacer a un lado el velo donde se esconde esa voz interna que siempre hace eco en mi. Tan solo esperando a ser escuchada... No se donde, no se cuando, no se por que...

 

Y tampoco quiero pensar en ello...  Tan solo necesito otra forma de saber quien soy.