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El día termina como uno mas, un poco cansado y con muchos deseos de
llegar a casa a tomar un baño, meterme en la cama dejando reposar mi
cuerpo, perdiéndome en cualquier programa televisivo que atrajera mi
atención y me sacara de la rutina mental, si, ese era mi plan perfecto
para iniciar un fin de semana después de una jornada laboral…pero cuál
fue mi sorpresa cuando a una hora de llegar a casa en la parada de buses
una persona desconocida pero con ese aire que te despierta confianza me
pregunta si conozco una dirección, de hecho el lugar al que se dirigía
estaba dentro de la ruta que usualmente debo tomar, por lo cual le
ofrecí abordar el mismo bus para informarle donde debía quedarse, acepta
mi recomendación y éramos entonces dos extraños unidos en una tarde por
un capricho del destino, de Dios o de la vida.
Una vez sentados como dos viejos amigos que se reúnen después de haber
pasado largos años sin verse, empezamos a hablar, con total honestidad
y transparencia compartimos vivencias, buenos y malos ratos, pero
posterior a una pausa escucho aquel testimonio de una madre que ha
perdido todo, que en medio del crecer en los regocijos que nos da este
mundo se fue quedando, el tiempo y las vivencias le habían pasado una
alta factura, perdiendo familia, infancia y amigos.
Ella que hoy era madre en el pasado fue hija, pasado que traía a su
mente recuerdos no gratos de duros momentos vividos, quizás por falta de
información, quizás por la ausencia de un grupo de personas que le
ayudaran a salir, pudo haber sido por la necesidad de aceptación que
tiene el ser humano de los otros que le motiva iniciar prácticas que
pueden llegar a causar la propia muerte.
Una mujer hermosa, de un maravilloso corazón, de encantadora sabiduría,
no podía imaginar cuanto había vivido, cuanto había sufrido; en su
cuerpo quedan las huellas de un pasado cargado de dolor, de angustia, de
ansiedades, de muchos momentos de silencio, de soledad, de vacíos, de
necesidades, de rencor, de amor, de perdida, de rechazo, de reencuentro,
de perdón.
Aquella mujer que hoy me habla y quien me enseña en su vivencia el
verdadero valor de ser, ese valor que no podría traducirse en números,
no hay euros, ni dólares que lograran pagar por la vida del ser humano,
por esa característica que nos invita a luchar, a ponerle la cara a la
vida sabiendo que por más duro que sea un instante este cambiará. |