Psicólogo
Vargas Araya, San Pedro,
Montes de Oca.

"Cosas de una tarde I parte"

El día termina como uno mas, un poco cansado y con muchos deseos de llegar a casa a tomar un baño, meterme en la cama dejando reposar mi cuerpo, perdiéndome en cualquier programa televisivo que atrajera mi atención y me sacara de la rutina mental, si,  ese era mi plan perfecto para iniciar un fin de semana después de una jornada laboral…pero cuál fue mi sorpresa cuando a una hora de llegar a casa en la parada de buses una persona desconocida pero con ese aire que te despierta confianza me pregunta si conozco una dirección, de hecho el lugar al que se dirigía estaba dentro de la ruta que usualmente debo tomar, por lo cual le ofrecí abordar el mismo bus para informarle donde debía quedarse, acepta mi recomendación y éramos entonces dos extraños unidos en una tarde por un capricho del destino, de Dios o de la vida.

Una vez sentados como dos viejos amigos que se reúnen después de haber pasado largos años sin verse, empezamos a hablar, con total honestidad  y transparencia compartimos vivencias, buenos y malos ratos, pero posterior a una pausa escucho aquel testimonio de una madre que ha perdido todo, que en medio del crecer en los regocijos que nos da este mundo se fue quedando, el tiempo  y las vivencias le habían pasado una alta factura, perdiendo familia, infancia y amigos.

Ella que hoy era madre en el pasado fue hija, pasado que traía a su mente recuerdos no gratos de duros momentos vividos, quizás por falta de información, quizás por la ausencia de un grupo de personas que le ayudaran a salir, pudo haber sido por la necesidad de aceptación que tiene el ser humano de los otros que le motiva iniciar prácticas que pueden llegar a causar la propia muerte.

Una mujer hermosa, de un maravilloso corazón, de encantadora sabiduría, no podía imaginar cuanto había vivido, cuanto había sufrido; en su cuerpo quedan las huellas de un pasado cargado de dolor, de angustia, de ansiedades, de muchos momentos de silencio, de soledad, de vacíos, de necesidades, de rencor, de amor, de perdida, de rechazo, de reencuentro, de perdón.

Aquella mujer que hoy me habla y quien me enseña en su vivencia el verdadero valor de ser, ese valor que no podría traducirse en números, no hay euros, ni dólares que lograran pagar por la vida del ser humano, por esa característica que nos invita a luchar, a ponerle la cara a la vida sabiendo que por más duro que sea un instante este cambiará.