|
20 años más tarde…
A principios de
este año volví a matricularme en la universidad, que montón de
cosas se me habían olvidado de la U, conocer nuevos puntos de
vista de ideas viejas, platicar con gente tan joven que podrían
ser mis hijos y asombrarme de lo abiertos que son, esta
generación es tan radicalmente diferente a la mía a su misma
edad, de veras no deja de asombrarme y esperanzarme esos
chiquillos tan llenos de vida, de alegría y sobre todo con esa
apertura de mente a aceptar a la gente a como es, para ellos
eres solo otro ser humano sin importar etiquetas étnicas,
sociales, económicas o de preferencia sexual.
Volver a la U 20
años más tarde me ha rejuvenecido, me siento despierto, vivo,
inteligente y de nuevo con esa sed de conocimiento como cuando
tenía 20 , me encanta caminar con mi bulto, mis cuadernos y mi
botella de agua por los senderos y pasillos de la UCR, mirando
toda aquella gana de personas tan diferentes, flacos con pelo
tipo brócoli (afros) compartiendo un Ipod, un tipo con barbas y
pelo largo tocando un tambor a la sombra de un hermoso árbol y
mas allá a los lejos unas chicas con una bandera gay llevando a
cabo una manifestación por algún derecho que ellas consideran
pisoteado, tres pasos a la derecha una pareja comiéndose a besos
usando sus bultos de almohada, en el siguiente recoveco un par
de jóvenes entusiastas con sus equipos de medición de algún
curso de alguna ingeniería, a mi lado pasan dos bailarinas con
sus mayas negras y su típico caminar erguido, entro al edificio
de ciencias económicas y debo sortear mi caminar entre un grupo
de jóvenes que revisan sin parpadear una note book redactando un
documento tirados en el suelo, con sus típicas tenis de lona,
sus jeans desgastados y sus bufandas para el trópico, subo las
gradas y van bajando un par de chicos con sus pantalones tubo,
sus bóxers por fuera y sus peinados de cacatúa uno le cuenta al
otro de la nueva chica que conoció en facebook.
Llego al aula
443, pongo mi bulto, miro por la ventana una réplica en
miniatura de un bosque virgen y al oso perezoso que con la
paciencia de un santo se pasa de rama en rama, miro hacia al
cielo límpido azul y no puedo dejar de dar gracias en silencio
por esta oportunidad, por este milagro de universo universitario
que tiene espacio para todos por mas locos o cuerdos que podamos
ser, por más viejos o jóvenes, por más ricos o pobres, aquí hay
espacio para todos.
Que lindo es
estar de nuevo en la U.
Se les quiere.
Victor Castro.
|