|
Condones para
el Corazón
12 de junio de
2008
Una tarde de estas, bajo un enorme aguacero y al calor de una
deliciosa taza de café con leche mantuve una plática muy fuera
de lo común con un chico que estoy conociendo, hablábamos que en
la actualidad existen procedimientos, manuales y decenas de
indicaciones para no ser víctima de una enfermedad de trasmisión
sexual, que en todas partes podemos encontrar información al
respecto y el que mantiene practicas inseguras es porque elije
hacerlo y punto, nada tiene que ver el calor del momento, ni
ceder el control de mi mente a las partes bajas, tampoco tiene
nada que ver el sabroso que tengas chingo a la par, ni las
circunstancias, se mantienen relaciones sexuales seguras o no
simplemente por una elección.
El problema que platicábamos esa tarde iba un poco más allá,
¿Qué hacemos para mantener relaciones sanas y seguras a nivel
sicológico? ¿Cómo puedo saber si me tocó un loco? ¿Cómo saber si
es un sicópata o un controlador abusivo, un depresivo o un
codependiente, como cuidarme de no caer en manos de un
superficial sin remedio, de un vigoréxico loco, de un coquero
temperamental o de un adicto al sexo?
¿Qué difícil no crees?
Para una pregunta tan complicada, tengo una respuesta súper
sencilla: simplemente no puedes. No puedes ir por la vida
tratando de crear relaciones afectivas con un condón en el
corazón, si lo haces entonces te pasaría como con en el sexo, te
proteges, pero no lo disfrutas realmente, ese algo evita el
contacto del ser con el ser, el condón permite interponer una
delgada capa entre tú y la otra persona y para el corazón
vendría a ser lo mismo, nunca nos entregaríamos realmente, nunca
sabríamos a ciencia cierta que dimos nuestro mejor esfuerzo,
nunca sabríamos lo que es amar con locura (aunque luego odiemos
con cordura) nunca podríamos saber si sentíamos de verdad porque
algo lo envolvía, sería como correr por un campo de rosas en una
burbuja de plástico, no te espinas nunca, pero tampoco puedes
disfrutar del aroma de rosal, de la suavidad de sus pétalos, ni
de la viveza de sus colores.
Cada persona que llega a tu vida llega por una razón, Dios no
juega a los dados, olvídate, cada ser que llega a intercambiar
con vos tiempo, besos, sentimientos o simplemente fluidos llega
por que tiene un propósito en tu vida, algo tienes que aprender
de él, aunque sea lo minino que viene a ser nunca tratar a nadie
como lo acaban de hacer con vos.
Cuando te enamores hazlo como si fuera la última vez, no la
primera, entrégate, esfuérzate, recuerda que uno se involucra en
una relación no para ser feliz, sino para hacer feliz a la otra
persona, dar es recibir y no como se cree falsamente. Cuando
tengas de nuevo ante ti la inmensa oportunidad de querer a
alguien tírate del puente sin mirar el fondo y si al final te
esperan solo piedras, al menos te diste la oportunidad de
intentarlo, lo peor que te puede pasar al final de los días es
tener sentimientos encontrados de todo aquello que dejaste de
hacer por temor al fracaso y quien sabe, puede que eso de
“vivieron felices para siempre” no sea una utopía y baste con
dejar al corazón latir libremente sin una membrana de látex que
lo aísle de una oportunidad.
Se les quiere.
Victor Castro. |