Treinta y cuatro litros de lágrimas

13 de noviembre de 2008

 

 

Hace un par de meses cumplí cuarenta años, desde entonces la tierra a girado sobre su propio eje  catorce mil seiscientas veces, el reloj ha marcado la hora trescientas cincuenta mil cuatrocientas veces, mi esqueleto se ha regenerado por completo en cuatro ocasiones, he comprado tres lavadoras, cuatro televisores, dos refrigeradoras, cuatro walkman, dos cd players, dos equipos Mp3,  he leído quinientos libros, he comprado dos juegos de comedor, tres computadoras, cuatro colchones, dos equipos de sonido, dos celulares, mis ojos han parpadeado doscientos doce millones de veces, he comprado tres cocinas, tres bicicletas, tres autos, una moto, tres juegos de sala, dos camas, tres abanicos, he tenido cincuenta y tres mil sueños, un amigo se ha suicidado, a dos los han asesinado, me he enamorado tres veces, he visitado más de 50 ciudades, he visto a una persona dar su último aliento, enterré a una hermana, a un sobrino y no quise saber nada del funeral de mi abuela que murió a los ciento dos años.

Mis ojos han producido treinta y cuatro litros de lágrimas para entonces, que horror, lo pienso y no paro de imaginar las treinta y cuatro botellas llenas, una a la par de la otra. Me asusta mucho como pinta el futuro, por dicha no tendré hijos y eso es una preocupación enorme menos, pero miro las locuras a mi alrededor y no dejo de sentir pena, mucha pena;  el petróleo y sus consecuencias como un lastre que nos lleva a todos por igual a las profundidades de lo inimaginable, por dicha ya casi se acaba, dicen que alcanza para cincuenta años más, para entonces tendré noventa y no creo que quiera ir a ninguna parte.

Tenemos la increíble bendición de haber nacido en esta parte de la tierra, en este jardín que llamamos hogar, yo personalmente doy gracias a Dios todos los días, por nacer en Costa Rica y por tener la dicha de vivir mi cultura, mi gente, mi comida y todas las cosas tan particulares que nos convierten en ticos,  tenemos un país privilegiado lleno de bosques, playas y paisajes increíbles, la gente no deja de maravillarse al sentarse en una playa de arena blanca, aguas turquesas y con un bosque tropical húmedo a sus espaldas que contiene más flora y fauna que toda Europa junta incluyendo a la antigua Rusia.  Basta viajar a otros países para darse uno cuenta de lo afortunados que somos, en California por ejemplo, las playas son como artificiales, palmeras trasplantadas que no dan sombra ni para una lagartija, una arena que por ratos creo que es plástica, un orden, una estructura social y política tan extremadamente ordenada que no hace más que convencerme que si es toda de plástico, acá no, acá las matas nacen hasta en las canoas de los techos, nuestra tierra es la más fértil de la región, tira un puño de tierra en una esquina de tu casa y de fijo saldrá aunque sea monte, eso me encanta de nuestra tierra, esas ganas, ese empeño por llenar de vida cualquier parte donde se lo permitan.

Por eso ahora pienso en el futuro aunque nunca llegue a tener hijos, porque quiero un futuro así de lindo, así de hermoso, aunque no haya ni una gota de gasolina, a lo mejor y volvemos a las volantas y a los caballos, pienso en eso y el corazón se me llena de un romanticismo ridículo en pensar en el sonido de los caballos al andar una noche de verano paseando por mi San Jose.

Ya no gasto casi papel, no imprimo casi nada, para qué? Si tenemos el email; me compré una moto de esas que tienen un Pony de fuerza, gasto menos de siete mil colones al mes en gasolina, deje de quedar atrapado en las presas, vivo en libertad y voy donde el viento y mi moto me lo permitan, hasta creo que ahora soy más feliz; y como haces con la lluvia? Me preguntan, me seco, suelo responder.

El día que la gasolina se acabe, le daré tantas gracias a Dios, por librarnos de una consecuencia tan devastadora como pocas que ha tenido la humanidad, adiós a la contaminación y a las guerras idiotas por un poco de fósiles descompuestos, ya no habrá más excusas para nada, iremos a los museos a ver carros de gasolina y diesel y le contaré a mis sobrinos nietos: podes creer mijito que un día yo manejé uno de esos? Y el aborrecente me verá con cara de roco mentiroso.

Volvamos nuestros pensamientos verdes ya que cada acto que hagamos en este momento repercutirá directamente en nuestro futuro, paremos el desperdicio, sembremos arboles, despolvemos la bicicleta, veamos mas allá de nuestras narices y pensemos que la realidad se nos viene encima por igual, hagamos que Costa Rica continúe teniendo esa fama de  rincón verde, hermoso y desordenado.

 

Se les quiere.

 

Victor Castro