Viviendo de a dos

10 de setiembre de 2008

 

Vivir con otro hombre en una relación de pareja constituye uno de los retos más hermosos y difíciles que puede enfrentar un homosexual a lo largo de la vida, espero de corazón que al menos una vez tengas esta oportunidad, realmente es una de las etapas más enriquecedoras que puedas vivir.

Al principio es un poco difícil adaptarse a la otra persona, después de tener para vos solo toda tu cama y sobre todo de compartirla solo por ratos, te encuentras de pronto con que hay alguien acompañándote a diario; en más de una ocasión me pegué mis buenos sustos al sentir que alguien me abrazaba en medio de la madrugada y llega un momento en que casi no puedes vivir sin que eso suceda.

Vivir con otro hombre tiene un sinfín de ventajas, no existe ese universo extraño y comprometedor de las mujeres, nada de planchas para pelo, secadoras, maquillaje, toallas sanitarias, cremas para la mañana, durante el día y por la noche, ni rulos, ni cajas de Dorival para los días rojos y otro montón de cosas únicas y típicas de ese género.  Nadie entre en cólera a las seis de la madrugada porque chorreaste la tapa del inodoro, ni porque dejaste le lavatorio con pelos de la rasuradora, tampoco existen los hijos y esa lista de cosas pendientes que traen tatuada en la piel desde el día que nacen, no hay que pensar en su futuro, ni en las malas compañías, ni la hora de hablar con ellos de sexo o preocuparse porque anden en drogas.  Las parejas de gays por lo general nos preocupamos de la comida del perro o de echarle agua a las plantas, de cual será nuestro próximo destino exótico para ir de vacaciones (para colgar luego las fotos en Hi5) de ordenar la ropa por colores, de tener pulcra la casa, de saber de vinos y buena mesa, de relojes caros y de combinar correctamente pantalones con medias y zapatos con fajas, de emparejar amigas solteronas desesperadas con amigos heteros a medio hacer.

Vivir con otro hombre también tiene una ventaja única, te puedes poner la ropa de tu pareja sin que te tachen de travesti, se pueden compartir las colonias, el desodorante, la crema de afeitar y si no tienen ropa limpia hasta los calzoncillos.  Entre hombres existe esa camaradería muy propia de nuestro genero, donde se reparten los oficios de la casa por las cualidades de cada uno y no por seguir un patrón heredado por generaciones, si eres al que le sale bien la comida, serás el cocinero, si eres bueno para limpiar, te tocará hacerlo y así hasta acabar con todas las obligaciones de vida en pareja.

Vivir en pareja es una de las mejores cosas que me han pasado en la vida y se los recomiendo a todos a ojos cerrados, nadie dice que será fácil, conste, pero se siente riquísimo saber que tengo a mi lado a una persona que me apoya, que se preocupa por mí, que me da su calor en esas noches frías eternas, que me cuida cuando estoy enfermo y que me dice cada noche, te amo.

Cuando caminas solo se camina más rápido pero cuando lo haces en pareja se camina más lejos.

 

Se les quiere. Victor Castro