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“El cisne llora”, es un título que no pude
dejar de utilizar cuando recordé que dijiste que te gustaría encontrar
“en tu maletín” la capacidad de ser heterosexual, o bien, la
heterosexualidad completa. Esta es la parte en donde creo que se permite
llorar por todas aquellas cosas que perdemos al darnos cuenta de que
poco a poco y sin darnos cuenta, entramos a un mundo al que pertenecemos
y que no quisiéramos aceptar; pero debemos hacerlo.
Es algo que de todos modos nos gusta, pero
que el precio es demasiado alto cuando vemos que e lleva nuestra vida
normal, nuestras relaciones, la cercanía de la mujer que amamos y que
aunque hemos compartido con ella, debemos dejarla ir para seguir el
camino que la vida nos ha trazado.
Es como vivir todos en el mismo continente,
pero al empezar la guerra, los barcos zarpan de muelle llevándose
consigo a todos nosotros, los que pertenecemos a otros países, hayamos o
no vivido aquí toda nuestra vida.
¿Qué fue lo que pasó?, ¿Cómo pudimos llegar
a esto?, ¿Es parte de una perfección, de un control o de un error. ¿Será
responsabilidad de algún inexperto técnico encargado de poner “x”
cantidad de “x” producto a la hora de dar los toques finales a nuestra
construcción?. ¿Habrá sido un cambio climático mientras viajábamos hacia
acá?; ¿Será un poco de “caradura” o de irresponsabilidad de nuestra
parte?; no lo sé y la verdad no me interesa averiguarlo. Ya he tenido
suficientes lágrimas afuera cuando pienso en lo que perdí, cuando pienso
en lo que dejé, cuando pienso en ella y el mundo del cual me he
separado.
Pero ni modo, la vida es así, hay quienes
nacen en familias privilegiadas y otro no; hay quienes tienen
oportunidades y otros no. Hay patos, hay cisnes, y muchas variedades
más; pero no soportaría saber que soy un cisne y que vivo como un pato
en laguna ajena. Es por eso que hoy me levanto y asumo un papel que me
corresponde, e intento día a día ser digno de lo que soy y no dejar
llevarme por esa ola que de alguna manera nos arrastra y nos convierte
en parte de la cadena de la amargura.
Si querés llorar por esos años que quedan
atrás, podés hacerlo; pero en cualquier parte en donde estés siempre los
años quedarán atrás.
Si querés llorar por esos amores que pasaron
y no volverán, podés hacerlo; pero en cualquier parte en donde estés
siempre habrá un nuevo amor que pueda darte lo que merecés de verdad.
Si querés llorar por esa chica a la que
tuviste que decir adiós, podés hacerlo, y te recomiendo que lo hagás
hoy, porque eso es algo que no vendrá jamás; y así como “nuestros
hijos”, todo esto es el precio que debemos pagar por estar aquí. Un
precio que no pedimos, un mundo por el que no rogamos; pero que si
tenemos que vivirlo, tenemos que hacerlo. |