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"El Patito Feo"

Saliendo del closet

Queridos lectores, nuevamente como “viajero del tiempo”, llego para contarles otra historia real, y aunque pueda parecerles mentira, todo esto es verdad; lastimosamente no estuve presente mientras ocurrían los hechos; pero tengo buenas fuentes para recabar información y aunque les pueda no dar la más grande impresión de verdad, juro que mis palabras se verán reales para todos aquellas personas que sí creen que se puede volar por los lugares más increíbles, como lo hago yo; y para todos aquellos que pueden creer que soy un “viajero del tiempo”.

 

El Patito fue, lo que parecía ser, el más feo animal del bosque, hasta el punto que él mismo llegó a pensarlo; y aunque intentó vivir de esa manera, nunca pudo estar a gusto ni satisfecho con lo que hacía; nunca se sintió tranquilo viéndose indispuesto por lo que hacía o por cómo vivía; pero en fin, el tiempo continuó pasando y haciendo de las suyas, hasta que el único error cometido por aquel simpático, “pequeño” y tierno emplumado, había sido estar en el lugar equivocado en el momento equivocado.

 

Todavía para ese entonces, nuestro protagonista, no estaba convencido de la posición que debería jugar en el juego de la vida; pero ahora lo sabe y ahora todo es obvio para él.

 

Muchos podrían calificarlo de “feo” o “desubicado”; pero se equivocan porque aunque algún día lo fue, ahora ha encontrado su lugar, y hoy resulta feo únicamente para todos aquellos que nunca podrán llegar a tener la belleza natural del cisne.

 

Remontándonos un poco antes de mi aparición en este escenario de cuento, he concluido que lo que un día sucedió fue que por alguna razón de la vida, algo produjo que un huevo de pichón de cisne rodada sin control hasta caer junto a de los patitos, y ahí empezó el problema.

 

Estoy seguro que ningún animal es feo en el marco general, sin embargo todos lo son en la comarca vecina.

 

Lástima, aunque soy un viajero del tiempo y testigo de hechos relevantes en la historia del mundo desde la antigüedad, no tuve la dicha de poder presenciar el despertar de ese gigantesco y maravilloso cisne. No tuve la honra de estar frente a un patito que hoy ha encontrado su camino, yo llegué tarde, no pude darle la mano para conducirlo por la mejor de las rutas, tuvo que hacerlo solo. Cuando hice mi aparición en ese escenario ya el cisne era cisne. Ya sus plumas brillaban al sol y se bamboleaban suavemente al contacto del viento. No estuve ahí para ver la transformación o, más bien, la ubicación de ese maravilloso ser, pero hoy puedo apreciarlo ya transformado y si no pude estar antes, ahora intentaré aprovechar todo el tiempo posible.

 

Qué bueno es que al fin y al cabo el tiempo siempre logra reacomodar todas las piezas al orden que deben tener.

 

Pobre “patito feo”, todo lo que sufrió años atrás. Temía hacerse grande por miedo de lo que podría llegar a ser cuando así lo hiciera y ya lo ven, ahora todo es distinto, hoy su belleza resalta por encima de muchas; hoy vale por lo que es en verdad y no por quienes se deja acompañar. Ahora su panorama se presenta como una nueva invitación a continuar adelante, triunfante ante todo, únicamente era necesario encontrarse a sí mismo y conocer cuáles son sus verdaderas cualidades; construir su vida y su carrera y mirar hacia el futuro; porque aunque decida permanecer en un mundo o en el otro, ya no será por rebote, sino porque él así lo ha decidido.

 

Quizá nunca estuvo realmente incómodo mientras estaba perdido, pero hoy que sabe lo que es de verdad, no podrá resistir estar en aquel lejano mundo de reservas y sequedades. ¡Pobre!, a pesar de todo, porque aunque siempre fue querido y amado, nunca lo fue tanto como hoy.

 

Por ahora me despido de ustedes, nuevamente debo emprender mi viaje por el tiempo, debo partir, pero antes de hacerlo quiero pedirles, por favor, que no olviden mis palabras “nadie es feo realmente, solo debemos encontrar la comarca a la cual pertenece”.