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"El Postre"

Para mi gran amigo

          Así es la vida, las tantas y muchas cosas que se puede esperar de alguien.

 

Como se atreven a esperar que las líneas de este engomado y cansado escritor sean mágicas o maravillosas y que logren que la luna baje a iluminar, no solo nuestras noches, sino también esos días que en algunas ocasiones se muestran oscuros ante las inclemencias de nuestro comportamiento o del modo de vida que hemos llevado hasta este extremo.

 

          Pero, por otro lado, como pretenden que estas líneas sean sencillas, claras, o sin importancia, cuando están ideadas, diseñadas y dirigidas para ese lindo amigo que ha sido mi compañero en las muy pocas últimas semanas, pero que se ha presentado como el menú seleccionado para mucho tiempo más.

 

*   *   *   *   *

 

          Hace algunas semanas me encontré en el restaurante de la vida. Yo no tenía hambre, continuaba degustando todos esos platos que durante más de un año habían sido mi dieta diaria; quizá por sabor, quizá por amor o tal vez por costumbre.

 

          Como parte de mi historia, la cartilla no me fue ofrecida, muy pocas veces lo es, sin embargo, como siempre ha sido, la pedí y me fue entregada, por la fuerza de mis palabras.

 

          Ahí estaba, una lista de platillos de apariencia y sabor regular, nada fuera de lo común, nada especial, nada diferente, hasta que llegue a la lista de los postres.

 

          Te mostraba como lo que quería en mi vida para determinadas circunstancias; me mostraba a aquel, que como compañero de la vida, me ayudaría a subir hasta límites poco visitados, con alegrías pocas veces sentidas, con apoyos en pocas ocasiones esperados.

 

          Así es, mi querido amigo, desde ese día siempre quise que fueras el platillo que yo seleccionara, y aunque fuera para ser comido de manera distinta, te quería en mi vida y hoy te tengo, con las fuertes ganas y el amplio empeño de no dejarte ir.

 

          Llegaste en uno de los momentos más importantes, llegaste cuando no tenía nada que comer y mientras tanto me has alimentado con tu postre, esperando que aparezca quien venga con la cena que continúe mi programa alimentario.

 

*  *  *  *  *

 

          La próxima vez que me encuentre con otro menú, con otra cartilla o ante la encrucijada de seleccionar un nuevo plato, mi decisión será únicamente sobre la cena, por lo que la vida ha decidido que el postre de dulce sabor que siempre estará presente, sea donde sea que cene, serás tu.

 

          Un hombro y un fuerte apoyo, y el amigo aquel a quien debo mi fidelidad, mi amistad, mi confianza y las cosas buenas que en tantos años he acumulado para demostrarle a alguien que aunque con fuertes palabras e inclusiones mentales, estoy para acariciar su alma y enseñarle que dentro de las pocas cosas que llegarán a valer al final del Arco Iris, se encuentra una amistad como la nuestra, desinteresada y sincera.

 

          Te has convertido en la fuerte manija a la que me aferro cuando la vida me hace tambalear, y aunque no lo creas o no lo parezca, te has convertido en el alimento que me hace fuerte y me ayuda a vencer, poco a poco o rápidamente, toda esa “mierda” que algunas veces encontramos en el camino. Y con sutileza me has hecho darme cuenta en que lugares pisar y en cuales senderos caminar para poder llegar al final.

 

          Sin embargo, mi querido amigo, llegar al final sin ti, no es lo que quiero tener; y mi alegría, por lo tanto, será completa el día que juntos veamos hacia atrás todo lo recorrido y podamos hacer un recuento de como hemos logrado vencer los obstáculos, huecos, y frenos que durante los años que están por venir, venceremos de la mano, juntos tu y yo.

 

          Mi alegría será el día que pronuncien nuestros nombres en una sola frase y que todos puedan saber que aunque los chismes aparezcan y los cuentos vengan, seguiremos caminando de la mano, con una amistad distinta a todas esas simbiosis[1] que hemos visto en las ultimas semanas; con una amistad bilateral que demuestre que la fuerza esta en ambos y el cariño que cada uno tiene por el otro, es el combustible para seguir luchando, y venciendo a la vez, cada uno de los pueblos en los que lleguemos a estar.

 

          Creo, que los tiempos difíciles no han llegado, pero están por hacerlo.

 

          Llegará y supongo que muy pronto, un platillo para cenar, en la vida de cada uno de los dos, pero espero que la decisión del postre ya haya sido tomada para siempre.

 

          Conocerás personas que querrás que estén en lugares distintos al mío, al igual que yo; pero espero que podamos separar las cosas, de forma tal que nadie pueda ocupar el lugar del otro.

 

Una vez temiste o dijiste que mi capacidad de desarmar en piecitas pudiera ser parte de mi estrategia dentro de un plan para reprogramarte, sin embargo, quiero que sepas que si dicho plan existiera lo único que quiero reprogramar es mi vida, para que llegue a acoplarse a la tuya sin roces ni temores.

 

          En fin y aunque sean pocas las líneas que en esta mañana escribo, espero que sepas que tienes mi amistad y conmigo puedes caminar a ojos cerrados o dando la espalda; en mis manos estas a salvo; y llegaré a convertirme en el amortiguador de tristezas y la fuerza que, en muchas áreas, impulsará tu felicidad y estabilidad.

 

[1] Simbiosis: Asociación entre dos individuos de distinta especie, beneficiosa para ambos (mutualismo) o para uno de ellos (comensalismo).