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Qué
importante es vivir de la mejor manera, soñar y poder crear nuestros
propios sueños, y así convertirnos en la realidad que Dios permite en
nuestras vidas.
Qué
importante es no prestar oídos sordos ante la guerra, la pobreza o ante
el corazón humilde y sencillo de aquellos que a nosotros se acercan.
Qué
importante es tener y brindar esa mano amiga que está dispuesta a sacar
a la superficie a aquellas personas que se quieren ahogar.
Qué
importante es tener, en su momento, esa palabra de aliento que logre
levantar el ánimo de las personas que se cruzan en nuestro camino en
busca de un poco de ayuda y algo de amor.
Qué
importante es heredar, a nuestros hijos, el espíritu limpio que hemos
tenido desde nuestros primeros años, y así demostrarles que en un mundo
perdido, existen valores que hay que conservar.
Qué
importante es tener la disposición para sentir todas y cada una de las
pinceladas que Dios da en el lienzo de la acuarela de nuestra vida.
Qué
importante es tener la sensibilidad necesaria para percibir la brisa que
crea el libro de la vida mientras pasa, una a una, las páginas de
nuestra historia.
Qué
importante es no ser tan duro, y de vez en cuando permitirnos sentir el
sabor amargo de las lágrimas que demuestran que hay algo más dentro de
nosotros.
Qué
importante es poder convertirnos en un faro fuerte y estable que alumbre
vigilante el puerto al que llegan pequeñas e imperfectas embarcaciones.
Qué
importante es llegar a ser esa estrella brillante que alumbra la ruta de
aquellos caminantes que, osadamente, transitan de noche.
Qué
importante es que nuestra vida, más que un lindo empaque, sea un crayón
que marque la ruta que recorrimos y así poder dejar las huellas que hará
que no seamos olvidados.
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