«¿Gay? Una lástima...»

 

 

No, no es lo que dicen los previsibles miembros del Club Homofóbico (el que, dicho sea de paso, tiene ahora una nueva socia “estrella” en la madre del político peruano Ollanta Humala, quién dijo «habría que fusilar a los homosexuales»). La frase que da título a esta columna es usualmente dicha por cierto tipo de chicas tontas, chicas “Cosmo” o chicas “Parateens”, chicas que no conciben la belleza masculina si está depositada en la cara y el cuerpo de un chico gay.

Las víctimas de la frase, a su vez, son esos típicos gays “metrosexualizados”. Esbeltos y seguros, tienen una sonrisa de publicidad de crema dental las 24 horas y son los que, contrariando la ley no escrita, pagan la cuota del gimnasio y además, van. Para colmo, además de estar simplemente buenos, suelen ser los “gays integrados”; poco y nada de ambiente, muchos amigos hetero, masculinidad estándar (léase: ni recios como Stallone pero tampoco clones de Walter Mercado) y una actitud entre genuinamente simpática y políticamente correcta. Todo lo cuál los hace carnadas apropiadas para las chicas idealistas en el amor (pero con cerebro tamaño dado e intuición anulada).

Tarde o temprano entonces, el encuentro ocurre. Compañeros de laburo o de la facultad, amigos de un amigo en común, vecinos, hasta cuñados o concuñados. El nexo puede variar. Lo que no varía es que ella lo conocerá, posará una tonelada de expectativas en él y un tercero/ a (con o sin maldad) un día hará la inevitable aclaración: “Ah… ¿te gusta fulano? Pero… es gay”.

La susodicha vivirá entonces uno o dos segundos de asombro, tres o cuatro de corroboración (“Pero… ¿estás segura? ¿Cómo sabés?”), algunos más de denso silencio y un poco antes o un poco después, lo dirá: “Una lástima”.
        
Otras exclamarán “¡Qué pérdida!” o soltarán alguna frase por el estilo. Y otras… otras, a pesar de la info obtenida, negarán. Y lo harán con un ahínco demoledor. Se pondrán “border”, “borderline” o “fronterizas” (según cierta terminología psiquiátrica ya en desuso). (Algo así como Marcela Klosterboer en los primeros capítulos de El tiempo no para. Pero ni siquiera, porque el personaje de la Klosterboer ya hace rato entendió la cosa y sólo espera que los guionistas la reubiquen acertadamente en otro rol).

Las border insistirán. Caminarán la nunca bien demarcada línea entre la realidad y sus propios deseos. ¿Cómo reconocerlas? He aquí una muestra gratis de sus frases típicas: «No es gay. Está indeciso. Esperá que me conozca a mí» (la engreída). «¿Y si conmigo cambia?» (la que hay que avisarle que Papá Noel son los padres). «No es que sea gay, es afrancesado» (créase o no, yo he escuchado cosas como ésta).

 

Por Andrés Lautaro | especial para AG Magazine

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