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Hitler fue Gay
En los últimos 50 años no ha existido un personaje más enigmático que
Adolfo Hitler. Historiadores, sicólogos y políticos han escarbado en su
pasado en busca de una pista que les permita comprender el
comportamiento del hombre que promovió la Segunda Guerra Mundial y todas
sus secuelas: el holocausto judío, 55 millones de muertos y la Cortina
de Hierro. La percepción general es que se trataba de un individuo sin
mayores capacidades intelectuales, emocionales y artísticas pero con la
malicia suficiente para sacarle provecho a sus escasas habilidades y
trepar hasta el poder. Para el historiador Lothar Machtan una de las
razones de su ascenso político radica en su homosexualidad no declarada.
Así lo manifiesta en su libro El secreto de Hitler, publicado en el año
2001 y donde intenta demostrar cómo las inclinaciones sexuales del
polémico Hitler, le permitieron escalar posiciones en el Partido Alemán
de los Trabajadores —en tres años pasó de ser un don nadie hasta
convertirse en el portador de las esperanzas del movimiento populista
alemán— y ganarse la amistad de militares, intelectuales y hombres de
negocios.
Si bien la Alemania de las primeras décadas del siglo XX miraba con
recelo las asociaciones ‘amistosas’ entre hombres en los círculos
intelectuales y bohemios de grandes ciudades como Munich, se fue
gestando un fenómeno que valoraba las cualidades masculinas sobre las
femeninas. El homoerotismo no podía considerarse un simple amaneramiento
sino un plan para formar un estado populista masculinamente estructurado
en el que lo femenino era decadente.
Hitler habría encontrado en esta teoría la excusa para combinar sus
impulsos sexuales y sus ansias de poder, pues las personas con las que
compartía momentos de intimidad eran las mismas que lo podían ayudar a
conocer a personajes influyentes durante la República de Weimar.
De lo contrario, sugiere el autor, no se explica cómo hizo un joven sin
dinero, perezoso y con ínfulas de artista, pero con poco talento, para
ser aceptado por la clase dirigente y de paso ganarse el favor de los
sectores populares. Aunque Machtan reconoce que no existen documentos
que prueben que Hitler ejerciera algún tipo de prostitución en su
juventud, los relatos de la época lo ubican con frecuencia en los
lugares de reunión de los homosexuales y no se tienen indicios de que
durante ese tiempo haya establecido romances estables con mujeres.
A juicio del autor, la relación con su amigo de adolescencia August
Kubizec era bastante sospechosa para los cánones sociales de aquel
entonces ya que al futuro Führer no sólo le gustaba que ambos se
vistieran igual cuando salían a la calle sino que detestaba que su amigo
hablara con otros hombres y, como si fuera poco, en las cartas que se
escribían utilizaban un lenguaje bastante comprometedor.
Kubizec escribió un libro sobre Hitler, intentando apaciguar los rumores
pero lo único que logró fue alimentar la imaginación de los morbosos. En
un pasaje relata cómo en una noche lluviosa los dos amigos buscaron
refugio en un granero y durmieron desnudos, arropándose con el heno y
buscando calor en el cuerpo del otro.
Pero así como Hitler se entretenía con jóvenes de su edad hubo dos
personas mayores que influyeron drásticamente en su personalidad: el
capitán Ernest Rohm, reconocido homosexual que se convertiría en jefe de
las SA, y el ideólogo antisemita Dietrich Eckhart. En épocas diferentes
estos hombres asumieron el papel de tutores y, mientras el primero le
demostró con sus éxitos militares que el amor entre hombres no era signo
de cobardía, el segundo se encargó de estructurarle una ideología en la
que el hombre, preferiblemente ario, estaba por encima de las mujeres,
de los judíos y de cualquier otro grupo étnico. “Cuando decidió
convertirse en político profesional de la derecha populista no tenía ni
idea de qué hablaba. La política, tal como él la entendía, no era sino
un magnífico instrumento para mejorar en la vida y para alcanzar ese
objetivo era capaz de recurrir a cualquier medio, ya fueran las
diatribas antisemitas cargadas de odio”, señala Machtan.
Pero a medida que sus habilidades oratorias y su consigna en contra de
los judíos le ayudaban a ganarse la empatía del pueblo alemán, que no
había superado la derrota de su país en la Primera Guerra Mundial,
Hitler se fue dando cuenta de que el discurso de la supremacía alemana
no era compatible con sus preferencias sexuales dado que la mayoría de
la sociedad seguía considerando la homosexualidad como una perversión.
Para no perder el respeto de sus seguidores Hitler comenzó una
persecución sin cuartel contra todos los grupos de homosexuales e inició
una purga en la cúpula del partido nazi para deshacerse de todas las
personas que conocían su pasado y que, en dado caso, podían
chantajearlo. Según Machtan la llamada ‘noche de los cuchillos largos’
de 1934, en la que Hitler ordenó el asesinato de 150 opositores al
régimen, sirvió de telón para liquidar a varios gays, entre ellos el
propio Rohm, que se había convertido en un dolor de cabeza para el
Führer debido a su exhibicionismo.
El libro provocó la indignación de muchos grupos homosexuales quienes
consideraron que al atribuirle una inclinación gay a Hitler, la gente
terminaría erróneamente asociando la tendencia sexual con las
atrocidades cometidas por los nazis. El autor se defendió argumentando
que su investigación sólo pretende arrojar nuevas luces sobre la extraña
personalidad de Hitler. Los lectores parecen estar de acuerdo pues,
aunque sea por morbo, la obra fue la más vendida por un buen tiempo.
Mito o realidad, no deja de ser una historia curiosa.
Fuente:
http://www.republicagay.com |