La homosexualidad en la
Biblia
Pregunta: 20-06-2006 Soy un varón que desde los
once años probé las delicias de los roces gay, ... de 30 años o por ahí,
tuve un amante, ... luego recibí a mi Señor Jesucristo en mi corazón, ... estoy
confundido, ... mi conciencia me dice que es pecado, y la frase que
esta en la Biblia, " los homosexuales no heredaran el reino de Dios " , me
atormenta.
Respuesta de OrgulloGayCR:
Gracias por enviar tu inquietud a nuestra página. En realidad, el
dilema por el que atravesás es típico de muchos que, siendo cristianos,
nos hemos visto ante la disyuntiva de lo que dice nuestra naturaleza
contra lo que dicen las iglesias.
Yo fui un líder de primera línea en un grupo de la Iglesia cuando estaba
joven. Cuando tenía 31 años, y por recomendación de los líderes de la
Iglesia, me puse en terapia, supuestamente para “ordenar mi
homosexualidad”. Sin embargo, en el proceso de la terapia, me puse a
estudiar seriamente la posición de las iglesias en relación con la
homosexualidad y, asumiendo mi Fe como adulto, llegué a la conclusión de
que las iglesias están equivocadas en este campo. Tras unos pocos
meses de terapia, asumí mi homosexualidad con alegría y empecé a
explorar el don de mi sexualidad. Sí, mi sexualidad, aparentemente
torcida, fue creada por Dios, no como una “espina en la carne”, sino
como parte del paquete con que fui creado y con el que tengo que dar
gloria a Dios.
Tal vez este mensaje no sea el mejor espacio para contarte todo sobre mi
descubrimiento. Si querés, en algún momento podemos hablar por teléfono
y te cuento toda mi experiencia. Sin embargo, te puedo adelantar algo
sobre mi proceso de aceptación, que fue hecho en verdadera oración. En
particular, voy a referirme a lo que dice la Escritura sobre la
homosexualidad, pues me parece que esto es particularmente relevante
para tu inquietud.
Puesto que para mí mi adhesión a Jesús es lo más importante en mi vida,
mi salida del closet tuvo como marco seguir siguiéndolo a El a toda
costa. Pero en este proceso privó la búsqueda de la verdad. “La
verdad os hará libres”. No se trata de buscar un punto de vista
revisionista de la Escritura, sino de una auténtica búsqueda de la
interpretación apropiada con base en la información disponible en
nuestro tiempo. La Biblia fue escrita en un contexto histórico muy
diferente al que vivimos hoy, y por ende hay que entender ese contexto
antes de aplicar indiscriminadamente y al pie de la letra lo que ahí se
dice.
El libro
del Levítico, donde se habla de la homosexualidad como “algo abominable”
es uno de los libros más antiguos de la Biblia, escrito para una
sociedad y una cultura muy diferentes a la nuestra. Si siguiéramos al
pie de la letra sus enseñanzas, no deberíamos “aparear ganado de
diferente especie, sembrar dos clases de semilla en el mismo campo, usar
ropa de dos clases de tejido, cortarnos el pelo en redondo, cortarnos la
barba ni hacernos cualquier clase de tatuaje” (Lv 19,19). Las mujeres
no podrían ir al templo durante sesenta y seis días después de haber
dado a luz una niña (Lv 12,5); deberíamos considerar abominables los
halcones, los avestruces, y los pelícanos (entre otros animales) (Lv
11,17-19); y tendríamos que apedrear a millares que se apartan de sus
enseñanzas válidas para el contexto en que fue escrito. En fin, no
podemos aplicar la enseñanza moral de hace 25 siglos a nuestro tiempo,
sobre todo cuando Jesús vino a redimirnos y a dar un sentido nuevo a la
ley antigua de los judíos.
El texto
del Génesis, (19,1-13) donde todos los hombres de la ciudad de Sodoma
(desde el más joven hasta el más viejo, lo que incluye a los
heterosexuales) quisieron acostarse con los visitantes de Lot,
obviamente se refiere a un fenómeno distinto al de la homosexualidad
como se conoce hoy. Era común en las culturas hebrea y greco-romana que
los hombres y mujeres heterosexuales se volvieran contra su propia
naturaleza y se acostaran con personas del mismo sexo. Este fenómeno,
conocido actualmente como homosexualismo (no homosexualidad) es
obviamente lo que no es grato a los ojos de Dios en el texto, y se da
cuando hombres o mujeres, contra su propia naturaleza o tendencia,
tienen sexo contra lo que les es natural.
Algo
semejante ocurría en las comunidades greco-romanas a las que escribe
Pablo (I Co 6, 9-10; I Tim 1; 9-10; Ro 1; 26-27). Pablo escribe a
comunidades del Siglo I, donde lo que impactaba no era la homosexualidad
típica del 10% de los habitantes (cifra que se mantiene bastante estable
en todas las culturas, en todos los tiempos y en todas las especies),
sino el homosexualismo desbordante de los heterosexuales en esas
culturas. Por eso, en especial en su texto a los romanos, habla de
hombres y mujeres que han cambiado las relaciones que van contra su
propia naturaleza y han dejado sus relaciones naturales. Quiere decir
que, si las han cambiado y las han dejado, antes tenían deseos y
relaciones heterosexuales, las que ejercían de acuerdo con su propia
naturaleza. Evidentemente, Pablo se refiere al fenómeno de
homosexualismo de los heterosexuales. Es obvio que esta diferenciación
no era conocida en el tiempo en que las Escrituras fueron escritas, por
ello es importante leerlas a la luz del entendimiento del contexto
histórico y social de la época y del conocimiento científico que tenemos
hoy en día.
Si
ignoráramos el contexto cultural de las Escrituras en nuestro tiempo,
tendríamos que adoptar una serie de prácticas inconvenientes, insalubres
e injustas. Incluso la esclavitud podría justificarse con base en las
Escrituras (no obstante que era una práctica moralmente aceptada en el
tiempo de Jesús). Por esto, no todo lo que el Levítico y otros libros
antiguos llaman “abominable” debe ser considerado de tal manera por los
cristianos de nuestro tiempo. Y por esto también, cuando la Escritura
dice que “los homosexuales no heredarán el Reino de Dios” hay que
entender a quiénes se refería de acuerdo con el contexto.
Cabe
agregar que Jesús, en su ministerio, nunca condenó ni sanó a ningún
homosexual. ¿No sería que no había nada de lo que tuvieran que ser
sanados? Más bien, los acogió e invitó a su Reino, a la nueva Alianza,
aceptándolos tal y como el Padre los había creado en su misterioso
designio.
Siguiendo
con el mismo razonamiento anterior, si yo, siendo homosexual, me
acostara con una mujer, iría contra mi propia naturaleza, cosa que no
sería agradable a Dios. Al asumir yo mi homosexualidad y decidir
ejercerla responsablemente, estoy también asumiendo la llamada que Dios
me hizo por diseño, y al realizar mi vida junto con otro hombre a quien
amo y quien me ama estoy seguro de estar actuando dentro del sagrado
designio que Dios tuvo para conmigo al tejerme como homosexual desde el
vientre de mi madre. De nuevo, “la verdad os hará libres”.
A esto
puede agregarse la existencia de muchísimos santos que vivieron
relaciones homosexuales en la historia, empezando por David y Jonatán
(te recomiendo leer su historia en la sección de “Legado Gay” de nuestra
página), el centurión romano y su esclavo (a quien Jesús sanó de su
enfermedad por la fe del centurión, pero no le “curó” la
homosexualidad), San Sergio (mártir de la Iglesia Primitiva) y su amante
Bacchus, entre muchos otros. Y a esta lista de santos podés agregar tu
nombre, si viviendo responsablemente tu homosexualidad, continuás
asumiendo tu fe. No se trata de uno o lo otro. Se trata de que, como
adulto, hagás tu propia síntesis del mensaje de Jesús para vos.
En fin,
es importante entender que el concepto de “homosexual” al que se refiere
la Biblia no es el concepto que se maneja hoy en día. Y en esto, es
importante, ante todo, buscar lo que Jesús quiere para tu vida. El te
llamó a tener una “vida en abundancia”, libre de culpas que no son
tuyas, no una vida de auto-represión por un concepto mal entendido.
Creo que
esto es suficiente por ahora. Espero que mis reflexiones te puedan
ayudar en tu propio proceso. Estoy a la orden si querés más
información. Pero sobre todo, espero que te liberés de una culpa que
no es tuya y que seás feliz.
Con el cariño de tu hermano,