Homosexualidad en los Indígenas Costarricenses
Tomado de:
www.lacoctelera.com
“Entre los indios en muchas partes
es común el pecado nefando contra natura, y públicamente los
indios que son señores y príncipes que en esto pecan tienen
mozos con quien usan este maldito pecado
Así relata Gonzalo Fernández de Oviedo, en el “Sumario de la
Historia Natural de la Indias” (1526) y en la “Historia General
y Natural de las Indias” (1535), al referirse a los indios de
“Tierra Firme”, región que abarca Costa Rica, Panamá y parte de
Colombia.
Este funcionario, que había trabajado como escribano de la
Inquisición en Madrid, indica asombrado que la homosexualidad en
los indios era “cosa muy usada e ordinaria e común a ellos”,
pero que en “Tierra Firme” era más frecuente que en otras
regiones como las islas del Caribe y Nicaragua.
Los relatos sobre la sodomía en las sociedades indígenas son
frecuentes en las crónicas coloniales, como las de Bernal Díaz
del Castillo y Hernán Cortés para México, Albar Núñez para
Florida, López de Gomara para Panamá y otros muchos.
Pero Fernández de Oviedo es el único cronista que visitó la zona
que hoy conocemos como Costa Rica y nos dejó constancia de lo
común que era lo homosexualidad, principalmente entre los jefes
indígenas, que –como muchos de mis amigos– tenían predilección
por los adolescentes.
Indica haber visto lo que podría catalogar de “pornografía”, a
indios que “traían por joyel (joya) a un hombre sobre otro, en
aquel diabólico e nefando acto de Sodoma hechos en oro de
relieve”.
Diferencia entre dos tipos de homosexuales unos que eran
guerreros y otros que eran “travestis”. Los primeros eran
“sodomitas y crueles, y tiran sus flechas emponzoñosas de tal
yerba, que maravilla escapa hombre de los que hieren, antes
rabiando, comiéndose a pedazos y mordiendo la tierra”. Los
españoles tenían horror a estos indios caribes, debido a que no
había antídoto para el veneno que utilizaban y creían que comían
carne humana.
Los otros “son pacientes” (léese pasivos) que “se ponen naguas,
como mujeres que son unas mantas cortas de algodón, con que las
indias andan cubiertas desde la cintura hasta las rodillas y se
ponen sartales y puñetes de cuentas y otras cosas que por
arreo”.
No podemos aprender mucho sobre las práctica sexuales de
nuestros antepasados (posiciones, gustos, técnicas, etc.) debido
a que Don Fernando, veedor del Rey, consideraba la
homosexualidad como “nefanda”, que significa “innombrable”.
Este autor además establece que las sociedades indígenas
aceptaban el aborto, las relaciones pre y extramatrimoniales.
Comenta que las mujeres indígenas “cuando se empreñan toman una
yerba con que luego mueven y lanzan la preñez, porque dicen que
las viejas han de parir, que ellas no quieren estar ocupadas
para dejar sus placeres, ni empreñarse, para que pariendo se les
aflojen las tetas, de las cuales mucho se precian, y las tienen
muy buenas”.
Se muestra indignado por la indumentaria de algunos de los
indios, no solo por el uso del penestuche (un estuche en que
“guardaban” el pene y que supongo parecía más grande), sino
también porque no usaban otra ropa (no llevaban nada que les
cubriese atrás).
Claro, no todo usaban un penestuche igual, había diferencias
pues “traen un canuto de oro los principales y los otros sendos
caracoles, en que traen metido el miembro viril y lo demás al
descubierto”.
Pero esta sociedad donde la homosexualidad era aceptada, fue
destruida con la imposición de una moral cristiana que
catalogaba de diabólicas las prácticas homoeróticas y otras
muchas prácticas sexuales como el sexo oral entre
heterosexuales.
Solo quedan algunos relatos totalmente homofóbicos de los
conquistadores españoles, que nos hacen soñar que la existencia
de una sociedad sin discriminaciones sexuales es posible en
nuestros países latinoamericanos.
|