También podrás leer a Mauricio en su nuevo blog: http://www.meaculpa.ya.st/

 

 

El clonador de retratos

19 de agosto de 2009

 

 

“Alguna vez pensé que nuestras creencias eran como bálsamo de color que nos untábamos en las manos para pintar la obra de nuestra vida.  Pero las creencias que arrastramos muchas veces limitan nuestra capacidad de cambio…”

 

Con el pasar del tiempo y superadas algunas crisis, llegan esos días donde todo huele a “normal” y nada se sale de su lugar, quizá porque al fin logré poner en práctica aquellas creencias que durante años aprendí para tener una vida moderada y estable. Sin embargo, pese al agradable aroma de la tranquilidad, no deja de surgir tarde o temprano esa extraña y melancólica sensación de que me estoy convirtiendo en un “clonador de retratos”.

 

Irónicamente muchas veces la vida se pinta más intensamente cuando atravesamos todos sus opuestos, sus contradicciones y sus paradojas, porque la locura es el color favorito de la espontaneidad.  Cuando logramos romper nuestros miedos al cambio, logramos pintar con sangre nuestro propio retrato de la vida.

 

Como una montaña rusa, siempre subimos y bajamos de ánimo y constantemente cuestionamos aquello en lo que creemos. Si somos objetivos, muchas creencias no logran ser sostenibles ante los nuevos retos del mundo y aunque muchas veces omitimos o agregamos cosas, el maquillaje estético no siempre resulta ser suficiente para cambiar el semblante de nuestros días. El retrato que a diario pintamos siempre se resiste al cambio. Es una ley del ego mantenernos anclados en el pasado. La creatividad que necesitamos para resucitar la musa que nos inspira no viene con el adoctrinamiento ni la experiencia, aunque muchas veces así lo queramos creer. La realidad es que la experiencia solo nos provee la técnica para lucir un rostro mejor retocado.

 

Dicen que los locos no viven de creencias, sino de ideas que surgen en el momento. Actúan conforme a sus instintos y disfrutan tanto sus tragedias como su genialidad.  Todos hemos experimentado un poco de locura alguna vez. Quizá un loco amor, un negocio innovador, un viaje por el mundo, una pasión desbordante, un vicio que nos cambio la vida.  

 

 ¿Se puede ser loco sin morir en el intento? 

 

Cada pequeña o gran locura puede hacernos terminar en la cumbre de la montaña o en el fondo de un precipicio. Es el riesgo que asumimos por el simple hecho de ser auténticos. De cualquier forma, nadie esta en posición de juzgar nuestro arte, excepto la vida misma. Y al final, será nuestra propia libertad la que nos permita guardar recuerdos imperecederos.

 

Cuando abandonamos la juventud las creencias ganan terreno y poder sobre nuestro lienzo de vida, pues ya no es tan fácil asumir la decepción y la confianza de empezar un nuevo retrato.  Pero las creencias son una herencia prestada que muere el día que partimos, mientras que la chispa de la genialidad representa el verdadero talento que pertenece al alma.

 

Ser un “clonador de retratos” es una alternativa de vida como cualquier otra. Pero considerando que el talento es el único recurso valioso que tenemos para diferenciarnos del resto, vivir sin arte significaría convertirnos en un souvenir más de quienes solo aprendieron a reproducir ideas para complacer el gusto ajeno.  Honrar el derecho al gusto propio, es el único mérito que nos da derecho a firmar nuestro retrato de vida.