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¿Qué habré
hecho para ser políticamente incorrecto?
Febrero 11 de 2007
Es un hecho que
soy políticamente incorrecto tan solo por ser gay… es decir,
desde el punto de vista de la sociedad heterosexualizada en que
vivimos.
Pero
recientemente he llegado a la conclusión de que, incluso dentro
de nuestra comunidad GLBT, soy políticamente incorrecto.
¡Qué jodido!
Eso de ir contra la corriente es ya de por sí complicado, pero
ir contra la corriente incluso frente a quienes van contra la
corriente es de locos, así que para no perder ese hilo de locura
se me ocurrieron dos cosas para terminar de rematarla: hacer una
lista de por qué soy un gay políticamente incorrecto, y enviarla
acá para que la publiquen.
Veamos…
1.Soy ateo. No
creo en Dios, de modo que no puedo creer que Dios haya creado a
la gente GLBT y que seamos también sus criaturas. No puede
existir un vínculo entre Dios y la gente GLBT, porque si no hay
creador, no hay criaturas.
2.Al menos en
lo que al Cristianismo se refiere, religión y condición gay son
incompatibles. En el mundo precristiano (o en una parte del que
está fuera de su área de influencia) había buenas posibilidades
de ser gay y ser religioso, pero el Cristianismo implica un
contrato con cláusulas muy claras y rígidas, y no hay compromiso
posible.
3.Le doy la
razón al Papa. Desde su punto de vista ortodoxo, apegado a la
letra de la ley, no hay modo de que un gay sea católico o
cristiano practicante. El Papa y su grupo actúan
consecuentemente a sus creencias y legislación; quien da palos
de ciego es la gente GLBT que cree posible llegar a un
compromiso entre su orientación sexual y la fe. Es por eso que
dejé la Iglesia y (ver Punto 1) soy ateo.
4.No creo en el
matrimonio gay. No creo en el matrimonio, en general, y menos
en eso que hoy se ha puesto de moda entre nuestra comunidad
mundial. El matrimonio monogámico es una creación cultural
heterosexual destinada a la procreación de niños dentro de un
marco ético-religioso-jurídico para la reproducción de la mano
de obra y el mantenimiento de la propiedad mediante la
herencia. En eso, no tenemos nada que hacer nosotros, y para
los que están necesitados de legitimar su relación de pareja,
hay suficientes instrumentos legales ya existentes para que lo
hagan: no necesitan anillo en el dedo, pastelito de bodas y toda
esa parafernalia.
5.No quiero
hijos.
6.Creo en la
responsabilidad sexual, pero no creo que el sexo esté
inevitablemente ligado al romance o el amor. Como comer y
dormir, el sexo es parte de nuestro funcionamiento corporal y
síquico, y se debe satisfacer libremente.
6.No me apunto
a los juegos de generosensibilidad, porque no tengo tiempo de
autoeditarme constantemente y andar cuidando de escribir o
hablar de “hijos e hijas”, “humanos y humanas”, “gerentes o
gerentas”, “médicos o médicas”.
7.Creo en el
libre tránsito de género. Los conceptos de femenino y masculino
son construcciones culturales, etiquetas, y la verdad es que
todos (y todas) compartimos en mayor o menor medida tendencias
atribuibles a lo masculino o lo femenino, por lo cual estamos en
perfecto derecho de jugar con ellas.
8.No comparto
la obsesión por la juventud perpetua, si tiene que pasar por la
punta del bisturí, por las inyecciones de botox o colágeno, la
liposucción, los implantes de lo que sea y donde sea, etc, etc.
No me quiero convertir en esclavo de los cirujanos plásticos.
9.Creo en lo
que decía Estée Lauder, que la belleza es una actitud, y lo que
reza un anuncio de Mercedes Benz: “La belleza, sin cerebro, no
es nada”.
10.No comparto
la tendencia actual de andar colgando en el cuello (o en la
notebook, pocketbook o cualquiera de esos dispositivos, si uno
es más “cool”) la tablita para contar calorías, mantener dietas
salvajes, pasar la mitad del día metido en el gimnasio o
pensando en ir, hablando de spinnings, pilates, zumbas o toda
esa catizumba de actividades. La salud es fundamental, pero no
cuando la vanidad la vuelve enfermiza.
11.No voy a
discos o bares gay. En parte, no me gusta que me manipulen como
consumidor, y en parte no le veo sentido a pasar horas en un
sitio donde uno no puede moverse, prácticamente no habla, y se
sobreexpone a perder el oído a causa de la contaminación sónica
o subir sus posibilidades de cáncer pulmonar aspirando el humo
de los cientos de fumadores que lo rodean.
12.También para
explicar lo anterior, creo que se es gay siguiendo la fórmula
24/7 (24 horas, siete días a la semana), y por tanto evito la
tendencia al “ghetto”. Soy gay donde quiera que vaya, por lo que
voy donde me gusta ir y sigo siendo gay.
13.No soy buen
cliente para sicólogo. Vengo de un ambiente familiar excelente,
tuve una infancia estupenda, una adolescencia sin mayores
problemas que los usuales, y creo que soy medianamente sensato e
inteligente.
14.Suscribo la
idea de que uno es gay por una mezcla de biología y cultura; por
ciertas precondiciones genéticas que se potencian y desarrollan
por el ambiente cultural en que uno crece y se desarrolla. Por
eso, nada más natural para mí que serlo. |