Comedia
de peligrosa ambivalencia
Junio 05 de 2006
“The producers”, dirección de Susan Stroman,
producción de Mel Brooks. Con
Nathan Lane
, Matthew Broderick, Uma Thurman, Will Ferrell, Gary Beach
y Roger Bart. 2:15
horas, disponible en DVD en Vértigo y Laser Us.
En
1967, el director y guionista Mel Brooks se ingenió una
comedia llamada “Los productores” (“The
producers”) que hoy pertenece a la lista de clásicos de
la risa cinematográfica.
Brooks
es una especie de punto medio entre Woody Allen y las
comedias de televisión: sin la genialidad y ojo satírico
de Allen, pero comprendiendo el sentido cinematográfico
de un buen chiste o una imitación sagaz, ha logrado
algunos éxitos que figuran entre los clásicos del cine
(“El joven Frankenstein”) y parodias como
“Spaceballs” (donde se burla de Star Wars) o
“Blazing saddles”, en que hace lo mismo con los
western.
Está
disponible ahora una nueva versión cinematográfica de
“The producers”, que no ha llegado al cine pero que se
encuentra en tiendas de DVD, venida de un raro giro
comercial: la película original de Brooks fue adaptada
con mucho éxito para Broadway, convertida en musical, y
ahora ese musical vuelve a convertirse en película, en
pleno 2005. O sea, película que pasó al teatro para
luego volver al cine…
La
cinta cuenta la historia de un productor fracasado
(excelente actuación
del actor gay
Nathan Lane) y su encuentro
con un contador
mediocre (
no tan buena actuación
de un muy chato Matthew Broderick) pero con una idea
aparentemente genial: en las condiciones adecuadas un
productor puede hacer más dinero con un fracaso que con
un éxito de taquilla, claro está estafando a sus
inversionistas.
Sobre
esta base, la película cuenta la historia de Bialystock y
Bloom (los antihéroes) en su camino para encontrar el
peor guión posible, el peor director viviente, los peores
actores, y armar con eso una catástrofe teatral que los
haga ricos… escapando a Río de Janeiro con el dinero
recaudado y con la rubia tonta pero deliciosa (Uma
Thurman, en este caso).
Brooks
ha sido un tipo arriesgado en eso de jugar bromas.
Siendo judío, ha jugueteado con los judíos,
siendo cineasta se ha burlado hasta de Alfred Hitchcock, y
sin ser gay algunas de sus cintas contienen referencias
satíricas hacia los gays, como cuando tituló una de sus
parodias “Men in tights” (“Hombres en mallas”)
utilizando la historia de Robin Hood para introducir
chistes que, para algunos, pueden sonar homofóbicos.
“The
producers” no solo no es la excepción sino que, me
arriesgo a pensar, representa el más audaz, y peligroso,
coqueteo de Brooks con las bromas sobre la homosexualidad.
“En
una tarde de martes en junio” (como dice guión), los
antihéroes de la cinta encuentran al peor director
teatral que existe, y corren a contratarlo.
La secuencia completa, dependiendo de cómo la
mire, puede resultar enormemente divertida o
espantosamente ofensiva.
Porque el director en cuestión, Roger De Bris
(juego de palabras que, en inglés, significa
“desecho”) y los suyos no pueden ser ni más gays ni más
estereotipados.
Enfundado
en un vestido de cola larga y lentejuelas, con una peluca
pelirroja al mejor estilo de Rita Hayworth, De Bris y su séquito
(su asistente, todo vestido de negro y con el tremendo
nombre de Carmen Ghia, y su “equipo de producción”,
desde el coreógrafo de mallas moradas hasta el escenógrafo
sadomasoquista vestido de cuero) llevan a los
protagonistas por un paseo enloquecido en que todo vale:
la superficialidad, el chiste usando a los estereotipos de
Village People, una grosera burla hacia las lesbianas (si
yo fuera una me sentiría ofendida cuando De Bris presenta
a su diseñadora de luces como “de última y menos
importante”), y la breve aparición de Jay Rodríguez,
de Queer Eye for the Straight Guy como el sirviente Sabú…
Hay
que verla, a pesar de todo.
No hay modo de evitar la sonrisa, incluso cuando
casi al final De Bris le dice a Ghia, en medio de un
tiroteo: “Rápido, metámosnos de nuevo al closet”.
Lane está estupendo en su retrato del fracasado
Max Bialystock, y su monólogo en la cárcel es todo un
ejemplo de actuación cómica.
¿Divertida?
Sin duda. Aunque después de las carcajadas no hay modo de
evitar un cierto sabor amargo, muy teñido de culpa, el
mismo que queda cuando no se sabe si se están riendo con
uno o de uno.
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