|
¿Era Will gay?
Setiembre
03 de 2006
No. No hablo del personaje de la teleserie…
de ese todos podemos dar respuesta afirmativa, sino del
gran autor inglés, considerado la cima de la literatura de
todos los tiempos, el dramaturgo más completo que haya
existido y del cual, sin embargo, no podemos asegurar
mucho: William Shakespeare.
A propósito del estreno reciente de su “Hamlet”,
en Costa Rica, y de que la Sala Garbo exhibe su “Mercader
en Venecia”, resulta interesante sacar nuevamente del
armario la vieja pregunta que ha intrigado a los
especialistas desde hace siglos.
Su vida fue y sigue siendo un misterio. De
lo que se sabe, nació y murió en Straford-upon-Avon,
Inglaterra (1564-1616), hijo de una familia acomodada, y
aunque no resultó demasiado destacado en los estudios,
pronto encontró su camino en el mundo del entretenimiento,
particularmente el teatro, en el Londres de Isabel II.
Entre 1590 y 1613, escribió, produjo, llevó a escena y
hasta actuó en 38 obras que habrían de cambiar no solo la
manera de hacer teatro sino hasta, según diversos
especialistas, la manera en que la humanidad aprendió a
entenderse a sí misma. William Shakespeare es hoy
considerado uno de los principales pensadores sobre la
naturaleza humana, que volcó en sus obras como reflexiones
sobre casi todos los aspectos de la conducta.
De su vida privada se sabe tantísimo menos
que de la pública; se sabe que se casó a los 19 años con
una mujer ocho años mayor que él, al parecer obligado por
haberla embarazado, y su matrimonio fue lo menos romántico
que se pueda esperar del autor de “Romeo y Julieta”. Toda
su conducta posterior con su esposa Anne indica que le
tenía un profundo rencor de causas desconocidas; con ella
tuvo tres hijos, Susana y los gemelos Hannet y Judith.
A los 21 años estaba casado y era padre de
tres niños, y su vida es un misterio casi completo hasta
1592, cuando aparece en Londres y, lejos de su familia,
llegó a convertirse en el mayor astro teatral de su época.
Pero ¿era o no gay? Los especialistas que
durante siglos han debatido este aspecto de su
personalidad no han podido llegar a una respuesta certera.
Si uno ve películas como “Shakespeare in
love”, con Joseph Fiennes y Gwyneth Paltrow, apostará a
que no. Pero esa versión tan heterosexualmente dirigida a
mostrarnos a un William enamorado de su hermosa dama, es
un producto masticado y digerido por y para la óptica de
las boleterías de Hollywood. Y si alguien a esta altura
le cree a Hollywood…
Muchos encuentran evidencia de la
homosexualidad de Shakespeare en su obra, plagada por
ejemplo de confusiones de género en que aparecen hombres y
mujeres haciéndose pasar por miembros del sexo opuesto,
como ocurre con Viola y Orsino en “La noche de San Juan” o
Porcia en “El Mercader de Venecia”.
La ambigua conducta de Hamlet, protagonista
de la obra homónina, es tal que uno podría considerar su
sadismo hacia Ofelia (que la lleva a la locura), su
relación edípica con su madre la reina Gertrudis y su
padrastro, el rey Claudio, y el profundo lazo que lo une a
su amigo Horacio como indicios de una latente
homosexualidad.
Pero en la otra mano tenemos el sincero y
fresco amor de “Romeo y Julieta”, el apasionamiento celoso
de “Otelo”, o la voluptuosidad de los protagonistas de
“Antonio y Cleopatra”, tan arrolladoramente heterosexuales
que nadie podría inferir que su autor no conocía al
dedillo los secretos del amor entre hombre y mujer.
Es en su obra poética donde los estudiosos
de Shakespeare han encontrado mayores evidencias hacia una
posible homosexualidad. De sus centenares de Sonetos se
han extra
Los sonetos están dedicados a un tal “Mr.W.H.”,
inscripción que es tan polémica como misteriosa: algunos
sostienen que es una broma de Shakespeare dedicándola a sí
mismo “Mister William Himself”, pero la mayoría considera
que se refiere al Conde de Southampthon, Henry Wriothsley
(uno de los protectores de Shakespeare) o a William
Herbert, Conde de Pembroke.
El apasionamiento de los sonetos es tan
intenso como el hecho de que una buena parte (los primeros
126) están dedicados a un hombre joven que se supone de
enorme belleza y que, al juzgar por los hechos, era amante
o por lo menos amado por el poeta.
El hecho de que los sonetos estén dirigidos
a un hombre no es descabellado si se toma en cuenta que
fueron escritos durante el reinado de Jacobo I de
Inglaterra, él mismo de tendencias homosexuales y en cuyo
tiempo la cultura neoplatónica (en la que la relación de
dos hombres, incluso uno mayor y otro más joven, era
tolerada) estaba muy difundida. El mundo del teatro
entonces, del cual estaban excluidas las mujeres y en el
cual Shakespeare vivía, era igualmente tolerante a las
relaciones entre hombres.
De hecho, el “escándalo” alrededor de los
sonetos es obra de las generaciones posteriores a
Shakespeare, cada vez más influidas por la crítica a la
homosexualidad de lo que el autor pudo haber vivido en su
momento.
Es posible que la polémica nunca llegue a
resolverse…
Al final, como tantas otras cosas sobre el
inmortal dramaturgo inglés, la cuestión sobre su
sexualidad queda bajo el velo de misterio que cubre tantos
aspectos de su intrigante vida. Pero conociendo la obra
de Will, es posible que si pudiera volver hoy en día y
supiera la polémica que ha causado, se sentiría
profundamente complacido.
DE LOS SONETOS
Rostro de mujer, que la Naturaleza con su
propia mano pintó, tienes tú, señor y señora de mi pasión:
Un gentil corazón de mujer, pero no
acostumbrado
A los rápidos cambios, como es costumbre
entre las mujeres falsas;
Ojo más vivo que el de éstas, menos falso
al mirar,
Que hace relucir el objeto sobre el cual se
detiene;
Un hombre en el aspecto, que todo aspecto
controla,
Rapta los ojos a los hombres y a las
mujeres el alma.
Y como mujer tú fuiste al principio creado,
Solo que la Naturaleza, al formarte, se
encaprichaba,
Y, por exceso, de ti me privó,
Al agregar una cosa que no servía de nada a
mi propósito.
Pero dado que para el placer de las mujeres
ella te construyó,
Sea mío tu amor, y de ellas el tesoro de su
uso
Soneto 20
Cuando en las dulces sesiones de silencioso
pensamiento
Yo convoco memorias de cosas pasadas,
Suspiro al recordar tantas cosas anheladas,
Y con viejos dolores lamento el desperdicio
de mi tiempo querido:
Entonces se inunda mi ojo, no habituado a
fluir,
Por los valiosos amigos escondidos en la
noche sin tiempo de la muerte,
Y lloro nuevamente angustias de amor desde
hace tiempo olvidadas,
Y gimo sobre la pérdida de tantas imágenes
desvanecidas:
Entonces puedo lamentarme ante desgracias
ya pasadas,
Y pesadamente, de dolor en dolor, volver a
contar
La triste cuenta de ya lamentados lamentos,
La cual nuevamente pago como si no la
hubiera pagado antes.
Pero si, mientras tanto, pienso en ti,
querido amigo,
Todas las pérdidas son restituidas, y los
dolores terminan.
Soneto 30 |