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LA
POLILLA Y LA LUNA
Mayo
30 de 2006
“La vida es una
lección, a veces dura, a veces dulce, a veces letal; pero
siempre hay algo que aprender de ella, y por eso estamos aquí…”.
Este cuento lo escribí para recordarme a mi mismo que hay una
prioridad esperando por cada uno de nosotros.
Atolondrada
pero entusiasta, la pequeña polilla había nacido para dar
culto a
la luz. Desde
que nació, su instinto despertaba cada vez que una bombilla se
encendía para darle su luz y calor, además de que le permitía
reunirse en mutua danza con sus hermanas. Todos los días, la
pequeña polilla sabía que tenia que ocultarse y buscar un
refugio para su descanso hasta que de nuevo las primeras
estrellas del cielo se asomaran para empezar el ritual de la
luz. ¡Ah! ¡Como quería la pequeña polilla danzar alrededor
de la luna! Lo había intentado tantas veces pero nunca
llegó a elevarse lo suficiente para alcanzar de cerca sus
destellos. Muchas veces preguntó a otras polillas sobre otras
luces que no fueran simples bombillas, pero siempre obtenía la
misma respuesta: “La luz que no es artificial es la muerte
para nosotras...” ¡Pero no quiero tan solo danzar
para las bombillas el resto de mi vida, quiero danzar para la
Luna! decía con frecuencia la pequeña polilla. Pero
nadie
la escuchaba. Mas
su ambición por algo más grande pudo más que la conformidad
de lo seguro y la pequeña polilla rompió con las reglas de lo
permitido instando a otras polillas a unirse a ella en su búsqueda
de danzar para la luz de
la luna. Así
que consultó a la polilla más vieja de todas quien le dijo que
existía una preciosa luna resplandeciente que casi todas las
noches lanzaba luces de colores, pero tenía que buscarla en el
santuario donde los hombres hacían cantos a la luz. ¿El
Santuario? ¿Acaso ahí encontrare lo que tanto busco? Si, le
respondió la vieja polilla, pero debes tener cuidado, porque
tan pronto como te distraigas de tu meta, encontrarás
la muerte. Así
le ha sucedido a toda polilla que intentó llegar a
la Luna. Sin
más retraso, la pequeña polilla invitó a sus aliadas y
emprendieron juntas su aventura. Durante días y días volaron
evadiendo la lluvia, el viento y el día, hasta que por fin
triunfantes llegaron al lugar tan buscado. La pequeña polilla
era la que más rápido había volado, pues su entusiasmo era
tal que no podía permitir que otra polilla se le adelantara.
Durante horas esperaron a que la noche cayera para que por fin
la puerta del santuario se abriera y así descubrir el tan
preciado secreto para llegar a
la luna. Y
así sucedió... La gran puerta abrió y el pulpito de
personas ingreso al enorme templo y junto a ellas todas las
polillas hicieron su ingreso con desconfianza. La pequeña
polilla no daba crédito a lo que veían sus ojos... A lo largo
del largo pasillo, miles de pequeñas lucecitas titilantes
formaban un hermoso corredor de luz que terminaba en un altar
coronado por un hermoso claro de Luna que manaba desde las
alturas... ¡Irradiaba luces de colores y bañaba el altar
de calidez! Y estaba a tan solo unos metros de distancia... ¡Por
fin haré mi sueno realidad! se dijo la pequeña polilla. ¡Y
danzaré con respeto y entusiasmo para la luz más pura y
hermosa de todas! Pero no había terminado de pensar esto cuando
se percato de que se había quedado atrás.. Las otras
polillas se habían abalanzado con locura hacia las cientos de
lucecitas danzarinas que parecían llamarlas con gran seducción.
Ninguna otra polilla se había percatado de que la luna estaba
esperando por ellas al final del santuario. ¡Esperen! ¡No se
desesperen, no gasten energías en esas luces cuando la más
hermosa de todas espera por nosotras! Pero ninguna la
escuchó. ¡No puedo creer que siendo yo la mas entusiasmada,
terminara siendo la ultima en quedarse! Pensó. Así que de
inmediato y sin perder más tiempo voló tan rápido como pudo
en dirección al altar. En la medida que cruzaba el pasillo
entre las pequeñas luces, noto que ninguna de sus amigas estaba
danzando alrededor de ellas. Las pequeñas lucecitas eran
tan hermosas y parecían tan cálidas... Su luz era
resplandeciente y mil veces más pura que la de las bombillas.
Casi sintió la necesidad de danzar alrededor de ellas, pero
aunque su deseo era mucho, no se lo permitió, pues sintió que
debía ser leal a su sueno inicial, así que prefirió obviar
tan hermoso espectáculo y no dejarse tentar por aquellas
lucecitas danzarinas que parecían llamarle y provocarle ser
parte de su danza. ¡Que maravilloso! pensó la pequeña
polilla... ¡Danzar para luces danzantes, eso jamás se lograría
con la opaca y lánguida luz de las bombillas! Por fin se
acercó al altar y observó en las alturas el gran rosetón de
vidrio que coronaba la gran cúpula con sus vidrieras que como
una gran lupa aumentaba majestuosamente el tamaño de la luna y
sus destellos de luz se transformaban al atravesar el cristal en
un paisaje de mil colores. La pequeña polilla no podía más
que llorar de la emoción de ver que por fin se cumpliría su
sueño. La Luz de la luna era más hermosa de lo que jamás
alguna vez imaginó, pero en cuanto estaba por iniciar su
ascenso para llegar hacia ella, una gran vela de tamaño
descomunal en la parte superior del altar se cruzó en su
camino. Era la vela del Cirio Pascual cuya luz era tan tibia y
tentadora que no pudo resistirse a danzar primero para ella,
aunque fuera por un momento. De todas formas tenia tiempo antes
del amanecer, pensó. Su distracción la confundió y el
resplandor de su luz de inmediato la cegó sin permitirle saber
cuanto acercarse mientras danzaba de allá para acá sin cesar.
Sus alas empezaron a quemarse y antes de poder darse cuenta de
lo que sucedía se desplomo lentamente en círculos hasta caer
sobre la palma de una mano que parecía recibirla en su final.
Desde aquel lugar en las alturas, la pequeña polilla tan solo
alcanzó a mirar en sus últimos momentos
el panorama
aterrorizante de todas sus compañeras esparcidas ya sin vida
sobre el suelo del pasillo por el que se habían arrojado para
danzar con las pequeñas lucecitas que colgaban sobre el techo
de aquel templo. Al final de cuentas ellas también habían
cometido el gran error de dejarse seducir por luces traicioneras
y sus alas se habían quemado. Ahora ya no podía más que
comprender porque aquella polilla vieja le había mencionado
sobre toparse con la muerte al no concentrarse en lo que
realmente buscaba.
La
pequeña polilla cerró sus ojos con el último recuerdo de aquélla
hermosa luz de Luna que aguardaba por ella para danzar con sus
luces de colores.
No fue sino hasta la
mañana siguiente que el sacristán limpiando al Crucificado, se
encontró con la pequeña polilla dormida eternamente en la mano
ensangrentada de Nuestro Seños...
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