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La Marcha Personal
Noviembre 21 de 2006
Aunque 24 horas
parecieran las mismas cada día....
Aunque a veces las mismas personas...
Los mismos problemas...
El mismo café...
He
imaginado la vida de la señora que vende lotería justo en la
esquina del Boulevard del edificio de Correos muchas veces. A
veces su rostro tan arrugado y curtido por el sol pareciera
sugerirme que se llama “Doña Cecilia”, un nombre muy cálido y
sencillo. Otras veces cuando es invierno y la veo debajo de un
paraguas lleno de parches, con la cara mojada y luchando por ser
notada entre los peatones atolondrados, pareciera más bien
llamarse “doña María”, un nombre de fuerza y perseverancia.
El
Sr. tráfico que suele ubicarse debajo del semáforo de la Bomba
de la Uruca tiene un rostro tan severo y controlador, que me
sugiere detesta su trabajo rodeado de peligro, ruido y smog.
Siempre debe sobrellevar la intemperie y en medio de la
asfixiante carretera que en ocasiones pareciera quisiera
tragárselo. Creo que tiene un rostro interesante, tal vez algo
rudo, pero todavía con vestigios de lo que pudo ser un joven muy
atractivo años atrás. Pudiera ser tan solo otra persona
agobiada por un camino sin retorno, porque a su edad, cambiar de
esposa, trabajo, o incluso de silbato, le podría resultar algo
muy inconveniente.
Luego esta el ciego de la Catedral Metropolitana que con un
altavoz intenta detener a los transeúntes por un segundo, pero
le traiciona su voz que se ha entibiado tanto con los años y
solo se le escucha ese sonoro y desarticulado murmullo. Pero su
petición es clara mientras tenga fuerzas para sacudir su
botecito a donde van para las monedas. A veces cuando paso cerca
y estratégicamente trato de mirarlo de reojo, siento que él
también me está mirando a mí...
No puedo evitar en ocasiones observar vidas ajenas y percibir.
¿Será que trato de mirar algo de mí en los demás o algo de los
demás en mí? Las personas que protagonizan la rutina de
nuestros días, sean quienes sean luchan por salir adelante a su
manera, como lo hago yo, como lo hace usted.
Algunas de nuestras realidades parecerán totalmente evidentes u
obvias, pero siempre habrá un alto margen de error que tan solo
el sarcófago de nuestra intimidad podría revelar. A veces ni el
paso del tiempo, ni la más devota confianza logra que se
conozcan las secretas intensiones de nuestra reservada marcha
personal.
Dicen que un libro nunca se debe juzgar por su portada, o que
nunca la primera impresión es la correcta Es lo fantástico de
esta vida. Cuando nuestra propia ingenuidad nos delata por no
saber mas de lo que creíamos saber. No somos omniscientes…
De donde yo lo veo, por simple o complicada que parezca la vida
de cada quien, tan solo somos un puñado de circunstancias y
sentimientos caminando por las calles siempre en busca de amor.
Muy a nuestra manera… |