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Migajas de Dios
18 de julio de 2007
“Son
tantos los que ingenuamente creyeron recibir peras del olmo y
tan pocos quienes no tardaron en descubrir que todos recibimos
exactamente lo mismo pero no lo aprovechamos por igual…”
Escribo
sobre esto porque a pesar de estoy convencido de que ninguna
persona es ni será jamás igual a otra, sí creo que en algún
momento de la vida, todo cruzamos por ese umbral de duda cuando
en ocasiones hemos sentido que Dios nos dejo tan poco para
construir tanto.
Desde que
era niño siempre escuche mil recetas para evitar en lo posible
una alta exposición a situaciones de riesgo que posteriormente
nos pudiera generar desilusión. Aun así y con la testarudez de
la mano, llegue a ignorar algunas de esas advertencias y
confieso que en algún momento hasta lamente haberme aventurado.
Sin embargo, cuando pensaba en todos aquellos personajes
fantásticos que la historia nos lego, me consolaba pensando que
ellos también requirieron de una dosis de ímpetu para lograr esa
“autenticidad” que necesitamos para no llegar a parecernos a esa
pintura que otros desean materializar sobre nuestra vida.
El riesgo
es parte ineludible de la vida y es la “migaja” que mas solemos
encontrar en el camino. Dicen los budistas que “el deseo” es la
búsqueda interminable de un placer que jamás se logra saciar,
por eso han optado por renunciar a cualquier tipo de apego
material o emocional. Pocos riesgos para enfrentar pocas
decepciones. Suena ridículo para un mundo globalizado como éste,
donde todo y todos parecen exigir tanto de nosotros. Sin
embargo, el budismo no deja de tener razón cuando sugiere que el
hombre es un ser que nunca siente tener justo lo que necesita
para vivir en conformidad. Quizá ellos entiendan el riesgo de
otra forma. Quizás solo desean asumir el riesgo de recoger el
“ancla” y liberarse de todo aquello que nos provoca una atadura
en la vida. Pero hablar de esto para una sociedad moderna
contradice modas y estilos de vida que todos compartimos en
alguna medida. ¿Será que podemos seguir viviendo en forma
similar, pero sin embargar nuestra individualidad?
Todo
parece apuntar a que no estamos diseñados para mantener una
única postura de creencias en la vida. Otra migaja que nos
dejaron: el cambio.
El mundo
representa para nosotros el escenario perfecto con mezcla de
tentaciones y posibilidades para montar una obra de vida. ¿Pero
quien puede decir que ensayo tantas veces como pudo el guión que
le garantizara una ovación cuando baje el telón? Lo cierto es
que a pesar de nos sentimos tan sólidos en nuestras creencias,
vivimos de convicciones tan solo un día a la vez. Y aunque a
veces todo pareciera ser tan solo un ir y venir de días que en
forma casi aleatoria nos recetan interminables impactos
emocionales y mentales que no parecieran llegar a nada
concluyente, el hecho es que estamos siendo obligados a cambiar,
a evolucionar, a ser parte de esa metamorfosis personal y
social. El que no cambia, se muere.
Nadie
puede anticipar nada pese al riesgo y al cambio. La
incertidumbre de un futuro que en realidad no existe, porque no
ha llegado, es la tercera migaja que nos dejaron para construir
una vida basada en esperanzas y fe.
Por más
recursos que apostemos para asegurarnos un buen porvenir para
nosotros y nuestros seres amados, el panorama siempre es
incierto y será incierto. Tantas veces nos parece injusto saber
que siempre somos vulnerables al juego del amor, al desempleo, a
la enfermedad y cualquier tonto de permanencia sobre algo que
jamás podrá perdurar en el plano de lo material y emocional. Tan
solo contamos con la fe para edificar nuestros sueños paso a
paso.
Resulta
interesante saber que a pesar de que algunos creen contar con
más oportunidades que otros, la realidad es que las migajas de
Dios son para todos sin excepción alguna. Nadie tiene mas ni
tiene menos. Y por miserable que parezca, suene o se sugiera,
esta parece resultar la verdad mas justa que tenemos para
compartir. Un camino de carencias puede resultar la mejor forma
de empezar a entender que somos creadores y que nos dan el
derecho de hacer lo que no se ha hecho.
Por el
momento y mientras sigo digiriendo esto, deseo honrar a todos
aquellos que hacen de las migajas el pan de cada día. Y para
aquellos que viven desacreditando las creencias de los demás,
por no tener las suyas propias, puede que tan solo se necesite
quedarnos con suficiente espacio ocioso en la mente para hallar
el valor de buscar aquello que valga la pena construir y
conservar eternamente. |