|
... es
verdad que la costumbre, es más fuerte que el amor...
1 de marzo
de 2008
Hoy venia
manejando a casa, en medio de una presa horrible y estaba oyendo
la radio cuando sonó esta canción. A veces me pregunto qué habrá
vivido Juan Gabriel y cómo puede conectarse tan fácilmente con
la gente... cada canción suya es como si fuera hecha para mí, y
así nos sentimos todos.
Ahora en
Marzo se cumplirán dos años de haber terminado mi última
relación (que también fue la primera que tuve, es decir, la
única que he tenido), la cual duró por casi 10 años. Sí, toda la
vida prácticamente se pudiese decir, no solo duró más que la
mayoría de relaciones de mis amigos gay, sino también más que la
mayoría de relaciones de mis amigos heterosexuales.
¿Qué pasó
mal, ¿qué hicimos mal?, ¿qué hice mal? En realidad creo que al
final la monotonía nos ganó la batalla, el día a día, la
cotidianidad... fue metiéndose en los espacios vacíos y trocando
el amor en hastío. Luego ocurrió aquello, algo que no
esperábamos y que en otro momento hubiera sido intrascendente,
pero nos tomó con la guardia baja y dio al traste con la
relación.
Mirando en
retrospectiva, no me arrepiento de nada; sin embargo, con la
experiencia de ahora, hubiera hecho algunas cosas diferentes...
pero para tener esta experiencia, tuve que vivir lo que viví,
así que al menos aprendí y no fue en vano lo que haya pasado.
Para
empezar, habría cosas en las que no cedería otra vez, cosas mías
personales, esenciales. Hubo más de una vez en que cambié mi
forma de ser, en que dejé a un lado mis gustos, mis deseos, mis
anhelos... Hasta cierto punto, hubo más de una vez en que casi
dejé de ser yo mismo. Me llegué a sentir como un bonsái muy
lindo, podado y enmarcado, sin una hoja libre, todo en su lugar,
en su sitio. Perfecto.
Las cosas
lindas las disfrutaría el doble, y no daría nada por sentado.
Viviría cada momento al máximo, sin desdeñar una caricia, un
beso. Pasearíamos más, haríamos el amor todos los días como si
fuésemos novios. Nunca volvería a pensar que al amanecer tendría
a ese ser a mi lado y por siempre ahí.
Sería menos
orgulloso, sería menos vengativo y aprendería a perdonar. No
pensaría siempre en desquitarme de cualquier cosa que me hagan o
que crea que me hagan. La vida es solo una, y los conflictos sin
resolver, o las rencillas y los desquites ocupan mucho lugar en
el compartimiento del equipaje emocional.
Haciendo el
recuento de los daños, creo que la mayoría de las cosas fueron
buenas, muy buenas. Y que el balance de la relación fue
positivo. Al final el rompimiento fue casi natural y terminamos
en buenos términos, como mejores amigos... Fue la transición
natural de una relación amorosa que terminó siendo una relación
fraternal.
Mi consejo
para ti, mi consejo para mí mismo... nunca renuncies a ti, nunca
dejes de ser tú mismo, nunca cambies tus principios. Sé
flexible, y cede solo en aquellas cosas que no sean esenciales.
Esto es lo primero, y luego, aprovecha cada minuto y cada
momento al máximo, no des por sentado al amor, no dejes que el
vino del amor se convierta en el vinagre de la monotonía.
Invéntate a ti mismo, inventa la relación, ponle chispa al amor
y vive feliz, simplemente vive. Perdona, olvida y sigue adelante
siempre y cuando sea factible. Eso es suficiente.
Aún así hoy
siento un gran vacío... tal vez ya no sea el amor lo que me
falte, sino las costumbres de casi 10 años que no se pueden
borrar tan fácilmente. Tal vez el correr del tiempo ayude a
lavar mi piel, y quitar el sabor de sus besos de mis labios. La
soledad y los recuerdos duelen, pero hay esperanza, ya el bonsái
está echando ramas, y estas crecen salvajemente hacia el cielo,
creo que por ahí vi un botón, tal vez tengamos la primera flor
dentro de poco. Mientras tanto, sigo dando vueltas en la cama y
amanezco abrazando la almohada. Todavía hoy pongo dos platos en
la mesa algunas veces. Todavía hoy hago y digo muchas cosas,
como si él estuviera por aquí... como dijera JuanGa, “es verdad
que la costumbre es más fuerte que el amor”.
|