|
Mi primer baile
“Trance”
Noviembre 03 de
2006
Aburrido a más no
poder de tanta lluvia, decidí salir con una pareja de amigos a
bailar un sábado de estos por la noche. –Ponte algo cómodo, nada
de ropa formal y no olvides ponerte ropa interior, me aconsejó
mi amigo. –Si claro, respondí y para mis adentros pensé, -que
se cree este tipo, ahora me va a decir como debo de vestir, solo
esto me faltaba. Por supuesto que me puse lo que me dio la
gana, un jeans casi dos tallas mayor a mi medida, sin faja, una
camiseta de marca frenesí y como habrás adivinado, sin
calzoncillos.
A la hora fijada,
pasaron por mí, siempre tan puntuales, por supuesto me fui sin
haber cenado, si vas a salir a bailar, cenar no es una buena
idea, se siente uno como panzón, como lleno, así que me fui con
la panza vacía pero lleno de ganas por una noche incierta.
En esta parte
debo de confesar dos cosas para que entiendas mejor esta
historia, primero que ya estoy crecidito, me acerco a pasos
agigantados a los cuarenta y segundo que mis clases de baile se
limitaban a domingos de loca fantasía en la torre cuando madonna
era casi virgen y mi lista de “ya-la” apenas llegaba a los diez.
Para aumentar la
tensión y el hambre, cuando llegamos a la entrada había una fila
de cincuenta metros y duramos buen rato en entrar. Pagamos la
entrada y nos dispusimos sin contemplaciones a emborrachar la
moral como primer paso para una noche sin complejos. Claro antes
de poder tomarme una sola cerveza mis amigos saludaron a media
discoteca, en ese momento me di cuenta lo que significa estar
fuera de circulación, saludaron desde la señora que vende las
entradas hasta de beso a los chicos de la barra, en ese momento
di gracias a Dios que la música sonara tan fuerte, si no todo
San Jose se hubiera dado cuenta de cuanta hambre tenía para
entonces. Al fin con mi cerveza en la mano, ya algo mas
relajado, empecé a sentir el ritmo de la música y a seguirla con
golpecitos de mi tenni contra el suelo, guau, ahí me encontraba
yo, de pie frente al mundo, con una birra fría, con dos amigos
super guapos y populares. La situación no cambió en los
siguientes sesenta minutos, una birra tras otra, tras otra, la
moral estaba dura de matar esa noche, cuando ya mi panza
empezaba a sentirse llena de tanta levadura, mis amigos
decidieron que ya era tiempo de lanzarnos a bailar. La música
era tecno en ese momento y nos metimos de lleno hasta el centro
de la pista y a partir de ese momento mi vida cambió para
siempre, mis dos amigos empezaron con unos movimientos
rarísimos, alzaban los brazos mirando al cielo, como en
contemplación, iban y venían, yo me quedé casi paralizado
pegando un pie al otro, como corista de Camilo Sexto en llueve
sobre mojado. En vista de mi nueva situación hice un cálculo
rápido de todas las variables:
-
tratar de seguir los pasos
-
tratar de seguir los pasos al
ritmo de la música
-
tratar de seguir los pasos al
ritmo de la música y mover los brazos
-
tratar de seguir los pasos al
ritmo de la música, mover los brazos y sonreír como si lo
estuviera disfrutando.
-
tratar de seguir los pasos al
ritmo de la música, mover los brazos, sonreír como si lo
estuviera disfrutando y buscar a mis amigos entre la niebla
artificial y las luces cegadoras para no bailar solo.
La situación era
cada vez más caótica, les juro que las clases de aeróbicos de
los noventa eran menos complicadas y agotadoras que este baile
demencial que me veía forzado a aprender en menos de cuatro
lecciones. La música con cada nueva canción iba subiendo de
tono, mas duro, mas extasiada, para ese momento mis amigos se
quitaron la camisa y yo creí que me iba a morir cuando ambos se
acercaron y me arrancaron mi camiseta de marca frenesí a la
fuerza, por más brincos y gritos que pegué para que no
ocurriera, al final quedé casi chingo en media pista, esto me
pasa por no haber salido de angelito aquella semana santa en que
mi abuela me lo suplicó, pensé; para colmo de males aparecieron
de no se donde una chica y su amigo gay y me hicieron sanguchito,
que situación mas incomoda dios santo, dos perfectos
desconocidos ahora me agarraban las tetas, la panza, me
restregaban todo, la chica me agarró las nalgas por dentro del
pantalón y me metió las uñas, el tipo me zampó un beso con
lengua y apenas salía de mi asombro cuando su amiga hizo lo
mismo y así me encontraba para ese momento, semidesnudo, todo
sudado de la congoja, frío como un sapo y besuqueándome con dos
personas de las que no sabía ni el nombre, en ese momento pensé,
no puede haber nada peor que todo esto junto y justo cuando lo
terminé de pensar zaz, del cielo me cayó un chorro de espuma de
lavadora demencial que me bañó por completo, eran chorros de
chorros de espuma, creí que iba a morir ahogado en la pista,
estaba ciego, me agarro tos, como el pantalón me quedaba grande,
la espuma hacía que se me resbalara y empezó a caérseme, la
chica, su amigo y yo ahora éramos una sola persona, yo me
resbalé y los tres caímos al suelo, era imposible ponerse de
pie, en cada nuevo intento inventábamos una nueva forma de hacer
el ridículo, no encontraba mi camiseta de marca frenesí por
ningún lado, me enchilaban los ojos y tenía mas frío que nunca.
Cansado de todo, me arrastré de cuatro patas hasta el final de
la pista, donde no había espuma, ahí me pude poner de pie, a
tientas me fui al baño a lavarme los ojos, que los tenía como en
sangre del ardor, me enjuagué la boca, y salí a buscar mi
camiseta marca frenesí y a mis amigos, sobra decir que nunca
aparecieron, así que no me quedó mas remedio que salir a la
calle a tomar un taxi, sin camisa, totalmente empapado, lleno de
espuma, con las nalgas aruñadas, con tos de enfermo Terminal,
labios rotos, muerto de hambre y bastante borracho.
Luego de tres
semanas de una bronquitis severa al fin puedo ponerme en pie
para escribir esto, a mis amigos no los pienso llamar, tampoco
quiero aparecerme por la disco hasta dentro de unos cinco años
cuando ya nadie se acuerde de mi y si de casualidad ven a
alguien con una camiseta con una gaviota grande en el pecho,
color verde agua, ya saben de quién es.
|