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Juventud, decrépito tesoro.
Octubre 23 de 2006
La belleza es lo más efímero que
existe, cierras los ojos un segundo y cuando te das cuenta
pasaron veinte, treinta años y por supuesto, te han pasado la
factura, tenemos que aprender a envejecer con dignidad, aceptar
las limitaciones que conlleva y comportarnos como tales. Cuando
uno es joven se le permite casi cualquier cosa y hasta hace
gracia, pero después de cierta edad o de cierto peso, el efecto
es totalmente contrario y lo digo con absoluta objetividad,
tenemos que ser concientes que hay modas y accesorios para
jóvenes, no podemos pretender con cuarenta o cincuenta años
vestir como niños de veinte, ni jugar a tapar el sol con un
dedo.
Ya otra veces se los he dicho, mi
intención no es venir aquí a lapidar, es simplemente que
reflexionemos, que aceptemos que el espejo no dice la verdad por
que simplemente no queremos esa verdad. Es maravilloso ver como
personas de cuarenta o más años se mantienen súper esbeltas,
saludables y por que no decirlo, con apariencia de cinco o diez
años menos, pero por mas jóvenes que nos podamos ver, siempre
vamos a tener la edad que dice nuestra cédula, hacer ejercicio
por nuestra salud es de las mejores inversiones que podemos
hacer, pero si te privas de ciertas comidas, si no tienes vida
social por estar metido en un gimnasio, si no disfrutas de lo
que significa estar vivo por el miedo a envejecer, estas en
graves problemas. Hay que aceptar las etapas de la vida, no con
esto quiero decir que salir a un bar o a una disco está vedado
para los grandes, para nada, tenemos derecho a seguir en
circulación, a promocionarnos, pero ubicados, con los pies
puestos en la tierra, vistiendo de acuerdo a nuestra edad y a
nuestro peso, el mejor ejemplo que les puedo dar es el actor
George Clooney, cuarenta y cuatro años, buena figura,
interesante, canoso, vivido, vestido clásico impecable, nada de
monerías, ni cosas de la ultra moda, no podría imaginarlo en una
micro tanga corriendo por candelillas o pegando brincos sin
camisa en OH súper extasiado, pero si podría imaginarlo en una
cena romántica, con una conversación inteligente, un buen vino y
una noche que apenas comienza.
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