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DECLARACIÓN DEL MOVIMIENTO DIVERSIDAD
ANTE LA HOMILIA DEL 2 DE AGOSTO DE 2006
El odio
no es un valor familiar, ni cristiano, ni moral
En Costa
Rica vivimos momentos históricos en relación al posicionamiento de los
derechos humanos por orientación sexual, problemática que
recientemente hemos planteado con amplitud ante la sociedad
costarricense. Como Movimiento Diversidad hemos procurado reforzar
nuestros planteamientos con base en propuestas para una ciudadanía
inclusiva. Buscamos con ello el reconocimiento de la pluralidad y la
diversidad presentes en la sociedad costarricense y enfatizamos
que estas son características que se han venido profundizando en los
últimos tiempos.
A lo
anterior debemos aunar el contexto actual costarricense, en el que se
ha perdido progresivamente la confianza en los políticos, lo cual es
resultado de los reiterados casos de corrupción en los que altos
dirigentes se han visto envueltos y la frustración sistemática de las
expectativas que la ciudadanía ha puesto en los gobernantes. Esta
situación se ve reflejada en los altos índices de abstencionismo en
los procesos electorales. Paralelamente se ha experimentado una
agudización en los problemas de desigualdad y un
empobrecimiento generalizado de la población. Todo ello es producto
del avance de políticas de globalización neoliberal. De aquí resultan
retos de fundamental importancia. La sociedad costarricense urge de
propuestas que hagan del nuestro, un país donde se respete la
igualdad, la no discriminación y la vigencia de los derechos humanos.
Al fin y al cabo, estos son principios rectores recogidos en la
Constitución de la República.
La
"Campaña Ciudadanía GLBT: Un Voto por la Igualdad",
iniciativa del Movimiento Diversidad, que emplazó a los políticos en
las pasadas elecciones presidenciales para que se pronunciarán sobre
los temas de derechos por orientación sexual, logró que éstos se
pronunciaran por el reconocimiento y el compromiso para erradicar la
discriminación. Fue una campaña desarrollada de forma pública y
abierta, con la intención de validar ante la ciudadanía los
compromisos de política asumidos por los candidatos, y con vistas a la
construcción de una sociedad inclusiva, respetuosa, participativa y
democrática. Esta campaña logró que el actual mandatario se
pronunciara contra la discriminación por orientación sexual. Es
importante indicar que además incluyó en su discurso de investidura
presidencial y en su plan de gobierno, el compromiso con la no
discriminación y la vigencia de los derechos humanos. Por lo tanto
creemos contundentemente que este es un buen momento para que estos
compromisos se cristalicen en acciones concretas en pos de la
igualdad. Por ello formulamos un llamado al Poder Ejecutivo para que
hago efectivos sus planteamientos de respeto por los derechos humanos,
y su plena e integral vigencia a favor de todos los y
las costarricenses.
En
contradicción con el panorama antes descrito, la homilía pronunciada
por la jerarquía católica el pasado 2 de agosto, constituye un
verdadero exabrupto en contra de la efectiva aplicación de los
derechos humanos en Costa Rica. La Iglesia se arroga la potestad de
dar línea al legislador, y al hacerlo impone los dogmas de su fe a
personas que no necesariamente los comparten, y cuyas decisiones ante
la vida responden a otros criterios éticos y otros valores, distintos,
quizá, pero igualmente merecedores de respeto y aprecio, que los que
propone la religión católica.
De igual
manera ha quedado demostrado que en países occidentales, con sistemas
democráticos avanzados y sociedades respetuosos de los derechos
humanos, los avances logrados en esta materia, lejos de provocar caos
y descomposición, han contribuido a consolidar formas de convivencia
más armoniosas y civilizadas, con menores índices de violencia y
criminalidad y formas de vida más felices y libres.
No
podemos aprobar de manera alguna las palabras de odio promulgadas esta
semana desde el pulpito. Es triste recordar que en el pasado, desde
esos mismos pulpitos, se congraciaron con dictaduras genocidas como
las de Pinochet y Franco. También se justificó la masacre de los
pueblos indígenas de América, y se persiguió desde el brazo secular
representado por el santo oficio y la inquisición, a miles de personas
inocentes que fueron torturadas y asesinadas por sus ideas y formas de
vida.
No
podemos evitar el pensar que esta homilía del odio y la
discriminación, tan solo constituye una forma de evadir y encubrir los
problemas más acuciantes que angustian a la sociedad costarricense.
Nos causa grandísimo desconcierto escuchar discursos clericales que se
manifiestan preocupados por la pobreza, pero son omisos a la hora de
pronunciarse sobre las implicaciones que el Tratado de Libre Comercio
con Estados Unidos (TLC) tendrá para la justicia social, la soberanía
nacional y el medio ambiente.
¿Acaso
el tema fundamental del TLC fue en este caso omitido a propósito a fin
de congraciarse con los sectores más poderosos y privilegiados y en su
lugar se optó por el ataque contra un grupo minoritario que no por
serlo, deja de estar constituido por personas que merecen respeto;
ciudadanos y ciudadanas que también deberían contar con el pleno
reconocimiento de sus derechos civiles?
En el
fallo emitido por la Sala Constitucional ante la acción de
inconstitucionalidad planteada contra el Inciso 6 del Artículo 14 del
Código de Familia, y no obstante la argumentación de base que se
formula –la cual parte de premisas discriminatorias contra las parejas
del mismo sexo- sin embargo se reconoce la necesidad y legitimidad de
una regulación normativa que tutele las relaciones entre este tipo de
parejas. Esto ya establece un sano contraste con respecto a la
posición intransigente de la jerarquía católica. Así se desprende de
los términos concretos del pronunciamiento de la Sala Constitucional,
que a continuación transcribimos:
“…la
mayoría de la Sala consideró que en realidad existe ausencia de una
regulación normativa apropiada, que regule ese tipo de uniones, sobre
todo si reúnen condiciones de estabilidad y singularidad, por que un
imperativo de seguridad jurídica, si no de justicia, lo hace necesario
y que es el legislados derivado el que debe platearse la necesidad de
regular, de la manera que estime conveniente, los vínculos o derechos
que deriven de este tipo de uniones.”
Desde
esta óptica, impedir que se legisle contra una figura legal de unión
civil, colocaría las palabras de monseñor José Rafael Barquero, obispo
de Alajuela, en el orden del irrespeto a los principios
constitucionales. Tan solo le hacemos ver al señor obispo que los
gays, lesbianas, bisexuales y transgéneros somos parte de la familia,
y decimos sí al reconocimiento de la diversidad de las familias.
Por
último y luego del fallo de la Sala Cuarta, queremos enfatizar que el
concepto de matrimonio se presta a confusiones por completo
innecesarias. Lo cierto es que la figura del matrimonio ha dado
muestras de no ser funcional, ni siquiera para las parejas
heterosexuales, según se pone de manifiesto en el hecho de que hay
mayor cantidad de divorcios que de matrimonios, por el simple hecho de
que el mismo reconoce relaciones de poder, patriarcales y machistas.
Demandamos el reconocimiento de la figura de unión civil, lo que tan
solo significa proveer la protección legal y el reconocimiento de
derechos a favor de formas de relación de pareja y modalidades de
familia que ya existen en la realidad, pero las cuales carecen de una
tutela mínima por parte del Estado, según tendrían derecho por
tratarse de ciudadanos y ciudadanas costarricenses, cuya única
diferencia respecto de cualquier otro ciudadana o ciudadano es su
particular orientación sexual.
Confiamos en la madurez democrática del pueblo costarricense y, desde
luego, somos respetuosos de la fe religiosa que cada quien profese. A
ese pueblo nos dirigimos con respeto, en la convicción de que la razón
y la justicia están de nuestro lado. Por ello apelamos a la educación
y el diálogo como vehículos para superar prejuicios y oscurantismos y
como poderosas palancas para la construcción de una sociedad
verdaderamente democrática e inclusiva.
San
José, 4 de Agosto de 2006
Informaciones:
diversidad@ice.co.cr
Tel: 256-64-08 /
388-49-36 Aptdo postal: 479-1000 San José, Costa Rica
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