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DEMOCRACIA A LA TICA

Por Abelardo Araya

 

En los últimos días se han presentado eventos que reflejan síntomas de lo que podríamos denominar discriminación institucionalizada y sistemática. Quiero referirme a dos hechos concretos. Primero, a los protagonizados por agentes del OIJ, quienes haciendo exaltaciones de homofobia fueron aprendidos luego de desfogar amenazas y actos violentos contra gays y lesbianas en los alrededores de un bar capitalino. Y, en segundo lugar, los cuestionamientos que se hicieron en la prensa a los establecimientos con patentes turísticas que atienden clientela gay y lésbica, relacionando estos negocios con turismo sexual según una visión estereotipada y, por lo tanto, falaz. Finalmente quiero referirme a manifestaciones discriminatorias que abiertamente hacen personas que tienen cargos importantes en la función pública. 

 

Además existen en el día a día actos constantes de homofobia, que gays, lesbianas, bisexuales y transgéneros viven en Costa Rica. Estas expresiones de exclusión, violencia y discriminación han sido la constante durante muchos años, haciendo de la discriminación por orientación sexual una de carácter histórico y universal.

 

Los síntomas homofóbicos expresados reciente e históricamente resaltan, que hay sectores de la sociedad que se oponen al reconocimiento de la diversidad y al avance civilizatorio de propuestas societales con mayores criterios de inclusión y diversidad.

 

Cabe preguntarse por qué si a pesar de que la igualdad, la no discriminación y la vigencia de los derechos humanos son principios rectores de la Constitución de la República, aún siguen pendientes leyes que hagan valer esos principios para toda la población sin distingos de ninguna especie, ¿Dónde está el debate en materia de derechos sexuales y por orientación sexual? ¿Ignorar la discusión sobre estos temas hará que se retarde la aplicación de una concepción de diversidad y la tan anhelada igualdad para todas las personas en nuestro país? La Constitución costarricense señala claramente que el ejercicio de la ciudadanía comprende el goce de todos los deberes, responsabilidades y derechos. Sin embargo, para quienes se alejan del modelo socialmente impuesto pareciera que los derechos quedan pendientes.

 

Hace mucho tiempo otros países iniciaron el debate y reflexión y la formulación de propuestas, cosa que ha dado resultados favorables para todas las personas. Quiero mencionar uno de los más recientes logros internacionales en materia de derechos humanos. El 30 de junio en España el Congreso aprobó por amplia mayoría la reforma a la ley del código civil que permite el matrimonio entre personas del mismo sexo. Este es un hecho histórico que logra la admiración de amplios sectores de la sociedad española y de la comunidad internacional. En Costa Rica nos congratulamos por tales avances en materia de derechos. Esto demuestra que los cambios son posibles cuando existe compromiso para llevarlos adelante.

 

Esto se ha concretado después de décadas enteras de discusión y reflexión, formulación de propuestas y campañas de sensibilización aplicadas a nivel social. A diferencia de España, en Costa Rica no hemos iniciado el debate sobre los derechos por orientación sexual. Por otra parte, es importante señalar que al hacer este paralelismo con España, no estamos abogando por  el matrimonio de manera específica, sino por la integralidad de derechos que lleven al ejercicio de la ciudadanía plena. Aún cuando parezca contradictorio en esta Costa Rica que presume de ser tan democrática, la ciudadanía es aplicada y reconocida de forma flexible y arbitraria,  dependiendo de quién sea la persona involucrada.

 

Los temas de discriminación hacia la comunidad GLBT, no han sido ampliamente levantados y menos  han sido objeto de análisis y debate. Esto denota atraso en el reconocimiento de una ciudadanía plena, y al mismo tiempo dicta línea sobre el trabajo que debemos emprender. Las manifestaciones de desinformación, los mitos y prejuicios surgen lo mismo en el sistema educativo que en los productos comunicacionales que deberían ser parte de una propuesta de diversidad e inclusión.

 

En otros países donde el debate y el proceso educativo correspondiente han sido profundizados a lo largo del tiempo, se ha logrado que todos los estamentos de la sociedad y las personas se comprometan de manera paulatina con la erradicación de la discriminación y en la creación de legislaciones que establezcan una igualdad efectiva.


La discriminación por orientación sexual se entrelaza con otras creando dobles y múltiples formas de discriminación. De ahí la urgente necesidad de que los grupos que luchan por la igualdad, tales como afrodescendientes, indígenas, personas con discapacidad, adultos/as mayores, niños/as, jóvenes, mujeres, gays, lesbianas, bisexuales y transgéneros, religiosos, organizaciones de derechos humanos, derechos laborales, organizaciones políticas, instituciones del Estado entre otros, intercambien, propongan y promuevan legislaciones que sancionen las prácticas discriminatorias en Costa Rica.

 

Nuestro país no puede quedar al margen de estos procesos. Más aún, es importante retomar propuestas vanguardistas que diseñen, como lo mencioné anteriormente, mecanismos que favorezcan la igualdad efectiva y real, la construcción de una democracia participativa e inclusiva.

 

La proliferación de las prácticas homófobicas pone de manifiesto el odio que subyace y carcome la cultura en cuyo contexto convivimos. Resulta especialmente triste comprobar que ese odio es promovido y ejercido desde instituciones que se dicen democráticas y diseminado por propio sistema educativo.

 

Costa Rica no será una verdadera democracia hasta tanto todas las personas no estén siendo participes, en igualdad de condiciones, del ejercicio de una ciudadanía plena. La discriminación –cualquiera sea el pretexto en que se apoye – es negación de la propia democracia.

 

Como una forma de contribuir en el diseño de una democracia mayormente participativa, el 20 de abril del presente año, el Movimiento Diversidad hizo pública la Campaña Ciudadanía GLBT: Un Voto por la Igualdad. Con esto se pretende, en primera instancia, que la comunidad de gays, lesbianas, bisexuales y Transgéneros ejerzan un voto informado en las próximas elecciones presidenciales y legislativas. Asimismo se busca que quienes aspiran a la presidencia de la República planteen propuestas concretas encaminadas a la erradicación de la discriminación -especialmente por orientación sexual- y se comprometan a llevar a cabo dentro de sus programas de trabajo las acciones necesarias para que podamos contar con una Costa Rica sin homofobia.

 

El debate inicia ahora. Tienen la palabra los señores candidatos a la presidencia de la Republica. Urgen propuestas concretas, viables y sostenidas, no medias tintas para salvar el día. Al menos 250.000 electores aguardan conocer sobre qué proponen para hacer de la nuestra una democracia participativa e inclusiva. El reto no es fácil pero ya no puede aguardar más.

 

Por último la propuesta del movimiento Diversidad es una de derechos integrales, que comprende la urgente necesidad de emprender un trabajo de sensibilización de la comunidad GLBT y de la sociedad en general. Este es un proceso de debate y estudio acerca de las problemáticas plateadas, y de exploración en busca de las posibles soluciones. Procuramos cambios significativos en pro de la igualdad, pero reconocemos y subrayamos que para que esto sea posible se requiere llevar adelante un trabajo que se proyecte a la sociedad en su conjunto. Buscamos el reconocimiento de la Diversidad sea un hecho real y concreto, acorde con la imagen de Costa Rica como un país cuyo principal producto de exportación resulta ser justamente la democracia y la paz.

 

La discriminación implica manifestación explícita de odio, por lo que conlleva un estado de extrema violencia, solo comparable con la guerra. Las acciones discriminatorias son las armas; los muertos los ponen los grupos discriminados. Y, por supuesto, nadie se atrevería a negar que el odio no es un valor familiar, social ni cristiano.

 

Hacemos un llamado al Estado y a las diversas instituciones del sector público para que asuman su papel en la sociedad sin discriminación de ninguna especie. Esto no puede hacerse realidad sino es el contexto de un Estado laico, donde se gobierne para todas las personas y se sancione a quienes, desde un cargo público, manifiesten y realicen acciones discriminatorias.

 

A los diputados y diputadas para que legislen a favor de toda la población y no con base en mitos y prejuicios. Que tengan en cuenta que una parte importante de la población en Costa Rica cotidianamente es víctima de prácticas discriminatorias. Por lo tanto urgimos para que se instaure en la Asamblea Legislativa la Comisión de Derechos Humanos.

 

Instamos al Poder Judicial para que la justicia en nuestro país sea aplicada de manera ágil y objetiva, sin que se vea interferida y distorsionada por estereotipo, mitos y prejuicios que tienen consecuencias de discriminación.

 

 

 

 

 

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23/07/2008 02:09 AM


 

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